Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.


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21/9/18

ORIGEN DEL CABALLO III











LOS CABALLOS GERMANOS



Los caballos germanos eran de pequeña talla y de no muy buena conformación, en cambio muy duros para el trabajo. En las guerras los germanos frecuentemente descendían del caballo para combatir a pie, permaneciendo los animales inmóviles, hasta que los jinetes regresaban  para nuevamente montarlos.
En las típicas fiestas galas de Flir-men-sul (Alta piedra del Sol), toda la nobleza montaba a caballo realizando evoluciones alrededor del emblema de su dios. Estos jinetes alcanzaron un alto grado en el arte hípico, debido a su contacto con Grecia, con España e Italia y a sus sucesivas y frecuentes guerras, consiguiendo su caballería en la época del César ser la más renombrada del mundo, para convertirse más tarde en la primera fuerza de los Ejércitos Romanos. Como dato curioso se puede citar que todos los términos hípicos y movimientos de picadero empleados en Roma, eran de origen Galo.

La Caballería gala estaba formada por verdaderos jinetes con excelentes caballos reproductores, y cada uno de estos llevaba a sus órdenes otros dos como ayudantes que le acompañaban y auxiliaban en el campo de batalla, le retiraban de la lucha si caía herido, le ofrecían un caballo si quedaba desmontado y le proporcionaban las armas necesarias. En caso de muerte, el jinete era automáticamente reemplazado por uno de sus ayudantes y alguno de estos a su vez, si fuera necesario, por su acompañante.
Se batían mejor a caballo que a pie y durante las guerras de África, solamente treinta jinetes galos pusieron en desordenada fuga a dos mil jinetes numidas persiguiéndolos hasta destrozarlos.

Los caballos españoles  procedían directamente de África, debido a la comunicación que existía entre estos dos países desde tiempo inmemorial. Se distinguían por su temperamento, ligereza en sus movimientos y cadencia en sus aires, siendo su velocidad extraordinaria, que la consiguieron gracias a la selección y reproducción caballar. Roma siempre sintió predilección por estos caballos para sus juegos circenses.
Los caballos más célebres fueron nacidos en Calpe, situada cerca de la costa africana, rápidos, enérgicos y majestuosos, recordaban a los célebres Nómadas, de los que solamente los separaba un brazo de mar. Esta maravillosa raza se encontraba distribuida en casi toda Bética, que comprendías principalmente Asturias, Galicia y Andalucía.

Pura Raza Español

La Etiopía también llamada Abisinia, lindaba con Arabia y Egipto, fue sin duda primitivamente poblada por colonias oriundas de sus dos vecinos países. En la Etiopía aparecía a la vez que el hombre, el caballo.; la historia cita grandes conquistas por los monarcas de esta Nación, su caballo se distinguía desde su fundación por la admirable habilidad que caracteriza en todo tiempo al jinete africano. Los abisinios adquieren también gran renombre desde tiempo inmemorial por la rapidez de sus caballos, prestando gran atención a su selección, sus furiosos ataques y los terribles efectos de sus puntiagudas flechas.

En todos loa pueblos de África, los Numidas y Moros fueron los de mayor  reputación por sus virtudes ecuestres. Sus caballos eran excelentes, los cuidaban con tal cariño y dulzura, a la vez que su selección, que han sido considerados durante varios siglos, después de los Árabes, como los mejores del mundo. A ellos se les debe la gloria de ser los fundadores de la raza española y posteriormente de la raza inglesa, que en su género, tanto una como otra consiguieron eclipsar a todos los caballos de Europa.
Los Numidas montaban a caballo sin silla, ni bridas, los conducían solo con la voz, empleando simplemente una vara para hacerse obedecer. Les cupo el honor de ser imitados por los romanos, haciéndose celebre el Emperador Graciano en el año 378 por la maestría de conducir un caballo al estilo de los Numidas.










Caballería Numida



















Caballo Árabe


Antes de la fundación de Roma, en el año 753 a. de  J. C., los pueblos latinos eran en general poco belicosos, disfrutaban de una vida fácil y dulce que les invitaba su apacible clima. Desgraciadamente poca documentación histórica se conoce de las costumbres hípicas de los moradores de aquellos pueblos agrícolas y de pastoreo.. El Romano elevó la el arte hípico de la época griega, pero sin abandonar su sello característico; el culto a la guerra y a la pompa. Los caballos preferidos eran los grandes y fuertes, la imagen del animal se consideraba como la del équido, que presidía las insignias militares y era triunfalmente paseado.


Caballo Romano
Los Sibaritas procedentes de Sibaris, ciudad griega de la Italia  meridional, fundada en el año 720 a. de J.C., se convirtió pronto en rica y poderosa, desarrollándose en ella un lujo inaudito pues hizo que el hombre de Sibarita fuera sinónimo de bien estar y de placer. Los Sibaritas llegaron muy lejos en el arte de la equitación después de una buena selección de sus reproductores, haciéndose famosas sus  sus procesiones religiosas, dándose el caso curioso de llegar a desfilar en ellas la exorbitante cifra de 5.000 jinetes.


Sibarita

En la Edad Media, durante los siglos V y VI la equitación fue la principal ocupación de los poderosos señores feudatarios que permanecían en Francia, desgraciadamente los pocos cronistas de estos tenebrosos tiempos no fueron hombres de caballos, y escasos documentos dejaron sobre las virtudes y habilidades hípicas de la época, solo se conoce que las costumbres germánicas aumentaron los adelantos ecuestres, mantenidos por los Barones Romanos, Galos y Franceses, que habitaron en la naciente y después poderosa Francia.

Caballero Templario



Chevi Sr.

20/9/18

20 DE SEPTIEMBRE























20 DE SEPTIEMBRE





Chevi Sr.

18/9/18

ORIGEN DEL CABALLO II





















ORIGEN DEL CABALLO II
Cyres, rey Persa.

El Rey persa Cyres decretó que todo ciudadano propietario de un caballo, que marchara a pie, fuera ignominiosamente censurado. Este rey considerado como el mejor jinete de su tiempo, publicó sabios reglamentos hípicos, ejercitando personalmente en las cacerías y en las carreras sus propios caballos de guerra.
Los caballos persas fueron los más célebres de toda la antigüedad, la belleza de su cuerpo con su gracia y energía, hicieron famosos a los caballos de oriente, sus aires ya eran cadenciosos y su velocidad prodigiosa.. Los jinetes no solo se limitaban a lanzar sus caballos a todo galope, parándolos rápidamente, sino que trataban de  conocer y practicar los los medios de sacar el mejor partido posible del animal, uniéndose con soltura y flexibilidad al caballo, como si fueran ambos de una sola pieza, aumentando de esta forma la utilidad del corcel y embelleciéndolo en sus movimientos. Generalmente los jinetes montaban a pelo y sin brida; sin embargo, su dominio era total, podían conducir sus cabalgaduras a su antojo, simplemente con la presión de las piernas, los movimientos del asiento y la voz, con esta técnica no es posible que no existiera una reproducción caballar.




  Después del siglo IX antes de nuestra era, aparecieron los Sirios, o tal vez antes de estos, los poblados bárbaros, tales como los Escitas, que en el año 626 a. de J.C. atravesaron el Caúcaso e invadieron sus orillas, ocupando una vasta comarca comprendida entre el Mar Caspio, el Mar Negro y el interior del Asia  Oriental, siendo la caza, el cuidado y la vigilancia de sus ganados, las principales características de su vida; la historia nos dice que estos pueblos Escitas introdujeron el arte de la equitación en la húmeda comarca del Norte; pueblos por experiencia guerreros y sanguinarios, acostumbraban a colgar de sus caballos las cabezas cortadas de sus enemigos, bebiendo en sus cráneos a guisa de copa, pero bien sean unos u otros, lo cierto es que eran excelentes jinetes, no obstante la doma rudimentaria que empleaban sobre sus caballos. Acostumbraban en la guerras a a marchar por parejas; el guerrero de la izquierda tenía como misión conducir el caballo de su compañero, mientras este empleaba el arco y las flechas sobre el enemigo.

Los Sirios fueron también eminentemente guerreros; lo que más les interesaba era el caballo para sus conquistas; el arte de su equitación consistía en dominar el caballo de guerra, precipitándole a una velocidad vertiginosa sobre el enemigo, con el jinete previsto del arco y sus flechas.
La progresión de la equitación y reproducción caballar continua a la par de las civilizaciones; los jinetes aprendieron a manejar las cabalgaduras con la sola presión de las piernas; los sirvientes fueron suprimidos y los guerreros podían atacar independientemente al enemigo sin necesidad de su acompañante, con los arcos preparados y las riendas flotantes; estos llevaban sus correspondientes nudos a la altura de la mano con una gran borla que las sujetaba por encima del cuello del caballo formando una especie de collar que les impedía desplazarse y a su vez servía para que el guerrero pudiera cogerlas fácil y rápidamente.

En la época de David, el uso del caballo se convertía en una necesidad imperiosa para el pueblo de Istael. Debido al ejemplo de las naciones vecinas o a la desidia a que tan poderosamente invitaba el clima de Oriente, lo cierto fué que todo hombre se conducía a caballo, no solamente los reyes, príncipes o generales, sino los simples particulares, se rodeaban en cuantas ocasiones podían, de una corte de jinetes y caballos más o menos numerosa según sus posibilidades o poderío. Entre los reyes judíos la Historia cita a Azarías, vencedor de los filisteos. Sus cuadras estaba llenas de excelentes y magníficos corceles, con su propia ganadería reproductora, los entrenaban personalmente en todos los juegos ecuestres y concedían grandes recompensas a los que se distinguían en el arte de la equitación. En la antigua Grecia, desde los 1000 años a. de J.C. hasta la toma de  Atenas por los romanos, el arte ecuestre se desarrolló extraordinariamente  y su desenvolvimiento puede decirse fue unido al estudio artístico del hombre. Los caballos en Grecia fueron montados desde las tiempos más remotos, adquiriendo la equitación un  grado tal, así como la reproducción, que los jinetes suficientemente dotados para enseñar este arte, se les consideraba con la misma categoría que los dioses.
Los griegos emprendieron la equitación desde su infancia. Era frecuente que los niños de 7 a 8 años montasen bajo la vigilancia de sus maestros, mientras los mayores se ejercitaban en los diferentes aires del caballo, en las carreras y en los picaderos; igualmente se les enseñaba a saltar sobre el dorso del caballo y algunos guerreros disponían en su lanza de un pequeño escalón que les servía para montar a caballo, apoyando aquella sobre la espalda del animal.

Los combates de amazonas montadas a horcajadas también eran frecuentes en aquella época, así como los ejercicios de volteo sobre el caballo.
Entre los cuatro grandes juegos de Grecia se encuentran los Olímpicos. Eran los más famosos y donde todos los griegos acudían para presenciarlos como un gran acontecimiento.

Hécules fue el inventor de estos juegos, celebrándose en un principio cada cinco años, en honor, en honor de cinco hermanos ( en la actualidad tienen lugar cada cuatro años) durante cinco días consecutivos y su época era  entre el plenilunio y el novilunio, que inmediatamente seguía al solsticio de verano. Los primeros juegos se celebraron en el año 776 a. de J:C: y veintitrés años antes de la fundación de Roma, según nos asegura Varrau.

Los olímpicos no pertenecían a un pueblo en particular. intervinieron todos los griegos en un principio, y más adelante la totalidad de las naciones que querían disputarse la gloria de las inmortales coronas.
Aunque las fiestas hípicas se inauguraron en Grecia desde la institución de las diversiones públicas, no intervinieron oficialmente en los juegos olímpicos hasta la celebración de la XXVIII Olimpiada.
Los festejos hípicos en Grecia tenían como principal objeto apreciar la buena doma de los caballos , la habilidad de los jinetes y sobre todo la buena calidad, la que no se podría obtener sin una buena reproducción. Las más importantes manifestaciones hípicas consistían en lanzar de improviso el caballo con su jinete a todo galope sobre un gran altar de piedra situada sobre la arena del circo que, al recibir y reflejar los rayos solares, formaba colores tan vivos y deslumbrantes, que aterrorizaban al caballo, necesitando el jinete un gran dominio y doma sobre su cabalgadura para no pagar con la vida su incapacidad, como frecuentemente sucedía.


Los caballos eran montados sin silla, disponiendo solamente de un bocado con su correspondiente brida para dominarle y solía estar articulada como las usadas en la actualidad. Las riendas iban provistas de graciosos y ricos adornos de vivos colores, colocados por los mismos griegos.

En la antigua Grecia creían que las yeguas eran más ágiles que los caballos, razón por la que se observa mayor número de nombres femeninos que masculinos entre los animales vencedores en los Juegos Olímpicos; igualmente se pensaba que las yeguas eran más aptas para el trabajo, idea que fue compartida entre los árabes y diferentes pueblos de Oriente, sin ser adoptada en el norte de Europa, donde en las carreras, como hacemos en la actualidad,, se las hacen llevar menos peso que a los caballos.



Los reyes y los príncipes conducían sus propios corceles a los juegos olímpicos, pero no estaban obligados a  a intervenir en ellos.. Las mujeres concurrían igualmente a las olimpíadas, pero les estaba prohibido igualmente tomar parte en las mismas.
Los aires del caballo eran el paso y el galope, este último muy suave y cadenciado, que nosotros llamamos pequeños galopes y los ingleses canter.
El caballo favorito de Alejandro se llamaba Bucéfalo, el cual se ponía de rodillas para dejarse montar, según la costumbre de los caballos bien domados de la época, debido a que el uso de los estribos era entaonces desconocido; más de una vez Alejandro salvó la vida gracias al vigor, raidéz, dominio, y manejabilidad de su corcel, lo que implica una cría y selección excelente.

Entre las principales emigraciones de caballos y jinetes conocidas en la antigüedad, se encuentran los Germanos, Galos y Españoles o Africanos.

Caballería Parta.


Chevi Sr.

12/9/18

ORIGEN DEL CABALLO I






















Lo mismo que el origen del hombre, el del caballo aparece envuelto en un irritante misterio. ¿De donde vinieron los primeros hombres?. ¿De donde los primeros caballos?. ¿A qué otras formas de animales sucedieron?, el problema todavía no está resuelto, satisfactoriamente, sólo Dios lo sabe y es posible que nosotros no lo conozcamos jamás. Dios creó el caballo, pero concedía a su especie una prodigiosa facilidad para modificarse, adaptarse al clima y necesidades del hombre; permitió que los diferentes suelos, con cuidados apropiados, distintas clases de alimentos y juiciosos cruzamientos, se produjeran, en talla, fuerza, energía y velocidad, los cambios necesarios para acoplarse a los diversos trabajos que con el tiempo le habrían de ser impuestos. De esta forma, desde la época de la dispersión de los hombres, las diferentes razas caballares se extendieron igualmente sobre la tierra.

Parece ser según algunos historiadores, que los caballos proceden de la época cuaternaria (Eoceno). Los más antiguos vestigios actualmente conocidos, son los descubiertos en América del Norte y en la opinión de Remy Perrier(curso de zoología 1912), todas las formas fósiles en el viejo mundo son restos dejados por las sucesivas emigraciones llegadas de América, de la región comprendida entre Kamchatka -Islas Aleutianas- (Alaska), entonces completamente emergidas, y mientras en nuestro continente el caballo se multiplicaba protegido por el hombre, desaparecía por el contrario en su patria origen.

En esta época no hay razón para afirmar que el caballo fuese montado por el hombre, al parecer solo era empleado para la caza y la carne.
Un hito se abre para nosotros en la Edad de la piedra tallada y la pulimentada. Durante el periodo neolítico el hombre aparece como más o menos sedentario, dispone de rebaños, comienza a cultivar la tierra y empieza con la domesticación de animales, particularmente el caballo,. Pocos documentos se poseen del paso de una a otra civilización, los mismos huesos de caballos es raro encontrarlos en estos tiempos y las artes del dibujo (fuente de información por excelencia) eran casi ignoradas en la Europa Central, ya que empezó su aparición en la época de los metales, traídos por corrientes civilizadoras llegadas de Oriente.

La domesticación de animales y, por tanto, la del caballo, solo ha podido suceder como resultado de una evolución lenta y progresiva.
Taussaint (1874), cuando habla de la domesticidad de los animales en aquella época, nos dice:

"Los caballos fueron siempre buscados para la caza, siendo, sin duda, capturados vivos, con lazos o cepos, en estas condiciones, las yeguas preñadas fueron conservadas en la esclavitud para comenzar con ellas los troncos de linaje, y así comienza la reproducción Caballar."


Al parecer, los habitantes de esta época no utilizaron el caballo como motor, pero sí lo emplearon domesticado, ya que las escuelas de Yas l´Azyl nos presentan signos de ronzales bien patentes.
Según los historiadores en el periodo comprendido entre los años 3.500 a 2.500 a. de J.C. el caballo solo se utilizaba enganchado, frecuentemente en grupos de a cuatro y a la misma altura, para arrastrar el clásico carro de aquel tiempo, de forma cilíndrica y de un solo eje con dos ruedas.

Sin embargo los chinos atribuyen al Emperador Chi-Yung la invención del arte de montar, arte que fue practicado por los potentados del país, en el año -2155- a. de J.C. Igualmente en el Goei-Lead-Tre, quinta parte del Van-King, especie de código militar chino, que se remonta al reinado del Emperador Hoang-Tu.
2637 años a. de J., se ordena que la Caballería sea colocada en las alas del Ejército disposición que después fue adoptada por los pueblos de la antigüedad, Persas, Griegos y Romanos. Estas razas caballares no podrían haber existido si no hubiera una producción caballar al menos rudimentaria.

En el antiguo Egipto, periodo comprendido entre los años 1800 a 1200 a. de J.C., durante la XIV dinastía de los faraones, tuvieron lugar la invasiones asiáticas, pueblos formados por magníficos y temidos jinetes que invadieron el valle del Nilo, introduciendo los caballos en el país. Al principio, todos estos animales, fueron solamente empleados en enganches de carros ligeros con ruedas, para un conductor,, y el guerreo provisto del arco y sus flechas.

Los Egipcios empezaron a desarrollar el arte de la equitación bajo el reinado de Tolomeo, en el siglo IXa. de J:C., según nos lo indican los bajorrelieves y pinturas de la época, el arte estaba reducido, a los fugitivos y prófugos de las guerras, que desenganchaban los caballos de los carros averiados durante las batallas, montándolos a pelo y cabalgando a todo galope, sin guarnición ni clase alguna de montura; fueron los primeros en inventar el bocado, que consistía en una varilla de hierro que introducían en la boca de animal.

En la antigua Persia, época incluida entre los 300 y 600 años a. de J.C., a la juventud comprendida entre los cinco y los veinte años, se les enseñaba tres cosas fundamentales:

- Montar a caballo
 -Disparar con arco
 -Decir la verdad

Caballo Tarpan

Chevi Sr.