Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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27/4/15

EL PICADERO DE LA ACADEMIA DE CABALLERÍA DE VALLADOLID













SER HIJO DE MILITAR


El picadero de la Academia de Caballería de Valladolid, fue inaugurado el 18 de agosto de 1861 , fue considerado como uno de los mejores picaderos de Europa  con unas dimensiones, 48 x 22 y 9 metros de altura, similares a  las del picadero de la Escuela Española de Viena.



Desgraciadamente en 2008,  fue convertido en el peor polideportivo del mundo.

“Los fallos de los cocineros se tapan con salsas; los de los arquitectos, con flores; los de los médicos, con tierra”. Pero… ¿cómo se pueden tapar los errores de algunos Generales...?

***

La carta dirigida a los hijos de militares que se ha hecho famosa en las redes, y que nuestros queridos compañeros  Javier de la Uz y Chevi Jr.   nos trascriben en nuestro “Cajón de Sastre”, a mi me ”da pie” para encaramarme de nuevo y escribir a nuestros queridos Poetas Muertos Jinetes.
   No tengo por norma hablar de mis aventuras personales y mucho menos de mi familia, pero hoy haré una excepción... todo sea por nuestros hijos.


Un sábado por la mañana del año 1985, los cadetes de la XLIV y XLV Promoción llenaron el teatro de la Academia General Militar de Zaragoza dispuestos a soportar la cátedra “Miguel de Cervantes” cariñosamente conocida por los cadetes como “Cátedra Sobantes”, una de tantas conferencias de relleno.
   La cátedra tenía por finalidad promover, gestionar y desarrollar aquellas actividades formativas de carácter cultural, técnico o humanístico que contribuyeran a completar la formación integral de los cadetes y alumnos de la Academia.
   Ese día el conferenciante era el Arzobispo  D. José Manuel Estepa Llaurens, nombrado el 30 de julio de 1983 por bula pontificia, Vicario General Castrense. Creo que el General Director era D. Ángel Santos Bobo  aunque también pudiera haber sido D. José Jiménez Pérez de Larraya. En mi disculpa debo deciros que ya tengo mis años y he conocido a muchos directores durante mis 17 años académicos.
   Después de la presentación del conferenciante por el director de la Cátedra, tomó la palabra el Vicario, y una vez hecho el saludo protocolario  y agradeciendo la invitación que le había llevado a orillas del Ebro, antes de empezar con su conferencia comentó:

   Lo primero que quiero decir a los Caballeros Cadetes es, que en cualquier momento de mi charla, están autorizados, aunque me interrumpan, a levantarse y exponer sus ideas, lo que dará más agilidad y realismo a este evento.
   Y Monseñor empezó así:

-Se muy bien que hoy el ser “hijo de militar” no esta bien visto...

   Antes de acabar la frase, de las últimas filas del teatro se levanta un Caballero Cadete (de la XLIV  y por supuesto de segundo), con la mano derecha abierta y dijo:

-Monseñor, yo se algo  peor que ser “hijo de militar”

-Dime hijo - respondió Monseñor.

-Pues mucho peor que ser hijo de militar, es ser “hijo de cura”

   En ese momento el run run que se respiraba en el teatro, me recordó al que se produjo en la plaza de toros de Madrid en la Feria de San Isidro hace ya unos años, cuando al maestro Antoñete le salió por los chiqueros de Las Ventas un toro de pelaje “ensabanado” y que al final le llevó a salir por la puerta grande.
   Tiempo le falto al Jefe de Estudios para ponerse en pie y dirigirse al Capitán de la Compañía del citado Caballero cadete y decirle a grito pelado:

-Capitán, tome nota del caballero y que se me presente después de la conferencia.

   Pero Monseñor, y siguiendo con el símil taurino, estaba al quite e intervino:

-General, Coronel, les ruego que no tomen en cuenta el acertado inciso del Caballero Cadete. Tiene mucha razón en lo que ha dicho, y soy yo el que debe pedir disculpas por la forma que he tenido al empezar esta conferencia. Así que retiro lo dicho y empiezo de nuevo...

   Yo ese día, cosa rara, estaba franco de servicio y decidí cambiar a Cervantes por Lancelot y al picadero me fui a trabajar mi caballo.
En el fondo, me hubiera gustado estar presente, aunque estoy seguro que hubiera pasado un mal trago, pero al final, una vez más, hubiera estado orgulloso de las salidas de mi hijo.
Hoy me tomare tres copas porque tengo que luchar contra la añoranza, contra la nostalgia y  contra la gripe.
Un fuerte abrazo a todos los hijos de militares y a los otros.

Picadero cubierto de la Academia General Militar que con los tiempos pudiéramos ver transformado en otro pésimo polideportivo, incluso en una sala de “Pacha”, aunque aún nos queda la fiel Infantería (el mando de la AGM es siempre gracias a Dios  de Infantería) y así hasta el día de hoy lo ha defendido con uñas y dientes para que desempeñe el noble cometido para el que fue creado.




Zaragoza 25 abril 2015.
Ángel Cerdido Peñalver



5 comentarios:

Julio Romay dijo...

Mi coronel; una de las grandezas de la milicia y que todo el mundo sabe, es que aquí a la sangre excede el lugar que uno se hace, y sin mirar cómo nace, se mira cómo procede.
La cortesía, el buen trato, la verdad, la firmeza, la lealtad, el honor ,la bizarría, el crédito, la opinión, la constancia, la paciencia, la humildad y la obediencia, son virtudes de cualquier español sin que la milicia tenga sobre ellas ninguna exclusividad.
Pero qué duda cabe, que quien es hijo de un hombre honrado, pobre, desnudo y de modestia lleno, tiene más garantías de haber recibido esa educación en valores que otros que partan de cero, o de menos diez.
Con mis escasos conocimientos de cría, siempre he sido un defensor de dar la importancia necesaria a las yeguas madre, me atrevería incluso a incluir en su justa medida a las portadoras. Pero prefiero no entrar en ese terreno y seguir hablando de militares y curas, porque si de madres hablamos, se nos abre un amplio espectro con multitud de tonalidades, de razas y de pelajes.

Antonio Ferratges dijo...

Santos Bobo, de la IV, como mi padre.

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Olvidamos que cuando destruimos suele ser para siempre, y construir solo es potestad de unos pocos y cuando todos los astros se alinean a favor, o sea muy difícil.

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Mi Coronel, esta frase no tiene desperdicio:
“Los fallos de los cocineros se tapan con salsas; los de los arquitectos, con flores; los de los médicos, con tierra”. Pero… ¿cómo se pueden tapar los errores de algunos Generales...?

Y de la anécdota Monseñor/Angelito, qué decir? llevo un buen rato sin poder contener la risa. Angelito siempre grande.

Miguel Gandarillas Carmona dijo...

¡Qué pena haberse cargado el picadero de la Academia de Caballería en Valladolid 1869, en fin son cosas de los tiempos en que vivimos donde falta señorío y se olvidan tantas gloriosas tradiciones. Todavía confío que alguien sensato deshaga el entuerto. Miguel de Gandarillas Capitán de Caballería