Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

AVISO LEGAL

De conformidad con lo establecido en el artículo 5º de la Ley Orgánica 15/1999 de 13 de diciembre de Protección de Datos de Carácter Personal, se informa que la publicación de los datos e imágenes contenidos en este Blog son responsabilidad de sus autores. Para ejercitar los derechos de acceso, rectificación, cancelación y oposición, pueden hacerlo en la siguiente dirección de correo electrónico: towara88@yahoo.es

http://avisolegaljinetes.blogspot.com.es/


26/1/15

HOMENAJE A DOS GRANDES ECIJANOS

















Diego La Moneda

Mi amigo el Coronel de Intendencia Diego La Moneda, me manda esto. Semblanzas dedicadas por él a los recién  homenajeados por la Ciudad astigitana.
Diego es hombre de valores, de esos que  se visten por los pies. Y le agradezco infinito que me tenga al tanto de los avatares ecijanos, máxime si se trata de tan merecidos homenajes.
Difícil es tener tanto cariño a alguien con el que tuve ciertas discrepancias hasta una larga conversación,  después del toque de silencio en la cuadra “ancha” del Depósito de Recría y Doma. Me ganó… y hasta ahora.


Un fuerte abrazo Diego, mi Coronel. Y gracias por recordarnos la absoluta entrega de estos dos grandes hombres .
Gonzalo 


Don FRANCISCO GÓMEZ MOSTAZO  “Mateo”

Aprendió por sí mismo, en el picadero que había junto a Sta María y en alguna que otra finca. En el año 52, el Cuartel, lo contrató. Dejó una huella imborrable en la Remonta. Hay una placa en la cuadra de los carruajes, de las mejores de España, que dice: “A Mateo, por prestigiar durante 32 años el nombre del Depósito de Remonta guiando con maestría sus enganches por España y cosechando innumerables éxitos”
Le sustituyó, Don Miguel García, a quien guarda un cariño especial, por su muerte temprana y su clase. Enseñó a muchos soldados el oficio de cochero, alguno de ellos aún ejercen como tales. Ahora el titular de la plaza es D. Juan Robles, campeonísimo español. Él y Mateo, los dos más grandes, se tienen enorme cariño y respeto.
Pero lo singular de Mateo es su genio. Le habían suspendido 14 veces en el examen de conducir el automóvil, así que invitó a los examinadores a dar un paseo de caballos por Écija. Los llevó al galope por Aguabajo, y entre callejuelas llegaron al Puente. Ellos, repuestos del pánico, reconocieron su habilidad y aunque el coche no era el mismo, decidieron aprobarle.  Otra vez asistió a una boda con el propio enganche. Entró en el local de la boda, y pasó una y otra vez entre las mesas, sin tocar ni una sola, con los comensales paralizados entre la fascinación y el pavor.
Muchos ecijanos recuerdan las enérgicas pisadas de los cascos sobre el suelo adoquinado, los relinchos y la poderosa presencia de los caballos con sus guarniciones y borlajes, que paralizaban el andar de las gentes por las calles y las hacían salir de comercios y tabernas. Todos miraban admirados el llegar de tan espectacular comitiva. Y algunas veces, le seguía el asombro por ver el caballo de adelante suelto. En realidad, iba sujeto con unos nylons, que apenas se veían. Un día, en la Feria de Sevilla, llevando al Capitán General se rompieron éstos y el pericón quedó suelto entre la multitud. El General se asustó mucho por lo que pudiera pasar y Mateo le dijo: “No se preocupe usted, que el caballo está ahora mismo aquí…en cuanto yo se lo diga”. Dio una voz, y el pericón llegó de entre la gente; se puso en cabeza y así continuaron por la feria, ante el estupor general. Cuando ya estaba viejo el caballo, lo quisieron vender para ahorrar pienso, pero Mateo no lo consentía. De vuelta de un viaje, le dijo el Coronel que había muerto. Días después de tan gran disgusto, iba con unas cuartas por la plaza de Colón y oyó un fuerte relincho. Paró de inmediato el carruaje; unos caballos bebían de la mano de un tratante que los vendía al matadero. De lejos lo reconoció. Al galope fue a la Comandancia; frenó en el apeadero; subió las escaleras, sin llamar y con un portazo entró al despacho del Coronel. ¿No me dijo usted que había muerto?  Descubierta la añagaza, tuvo el Coronel que mandar a por el caballo, que murió de viejo en el cuartel, como Mateo quería.

Después de jubilarse, estuvo con D. Vitoriano de la Rubia enganchando, luego lo dejó. El genio y el talento siguen incólumes aún. Las fuerzas, a sus 90 años, no son las mismas. Pero su mirada sí. Es penetrante y refleja su fuerte personalidad. Ahora es feliz con su mujer Juana; y en el sitio de los viejos, como dice él, echa alguna partida al dominó. Pero su mente está también en el Cuartel, con los viejos remontistas, con el Comandante Pareja y Fernández de la Luz, con su gran amigo Curro Marín, y tantos otros amigos que se fueron. Y sueña aún con las guarniciones y los borlajes; y la Briska, las Jardineras, la Berlina, el Landó…, sobre todo con sus caballos del alma, que le entendían con una mirada…,con una voz. Y Mateo a ellos; como aquel día reconoció, en la plaza de Colón, el relincho de su pericón. 

ANTONIO GRANDE

La vocación y el oficio de guarnicionero, le viene de su padre, que fue su primer maestro.
Comenzó el servicio militar en La Doma en el año 1949. Después de jurar bandera y en cuanto sus jefes supieron de sus habilidades con los equipos, arreos y guarniciones de los caballos, siendo tan grande el trabajo que de ello se tenía en la Unidad, lo destinaron a la Comandancia -palacio de Benamejí-, como apoyo del guarnicionero oficial, Sr. Romero, que fue su maestro.  Al licenciarse, Romero le dijo: “Antonio: Cuando yo me jubile voy a intentar que tú vengas aquí, a ocupar mi puesto”
Antonio se fue del cuartel y dejó aquella etapa de su vida atrás. Se casó, formó su familia y, como tantos otros compatriotas, se fue a Alemania a trabajar. Allí estuvo tres interminables años  cargando y descargando mercancías en un puerto del Danubio. Por fin volvió a su tierra, y pasaron otros tres años, trabajando en lo que podía encontrar.
Un día, su Ángel de la Guarda - como él llama al maestro Romero- fue a buscarle. “Antonio, estoy a punto de jubilarme y te necesito” Sin pensarlo fue con él, luego solicitó la plaza y se la dieron. Aún piensa que él no estuve a gusto hasta que no entró en la Remonta.
Durante su dilatada vida laboral en el taller de guarnicionería, muchos soldados estuvieron con él. A todos les enseñó sobre el noble oficio de la guarnicionería y sobre muchas de la vida también. Todos se fueron agradecidos con él.
Los mandos de la Unidad le apreciaron mucho, por su excelente rendimiento, por su nobleza y por su buen carácter. Siempre fue muy reconocido y respetado, y Antonio corresponde a ello con su recuerdo excelente de aquellos tiempos.
Con sus compañeros, los otros civiles de la Comandancia, siempre se llevó bien. El conductor Curro Marín, el carretero Rafael López, los carpinteros Canuto y Sanz, el cochero Mateo…y otros también. De todos tiene buenos recuerdos y habla bien.
Antonio, a día de hoy mantiene un pequeño cuartillo por El Valle, atiborrado hasta arriba, como estaba su viejo taller. Antes eran sillas de montar, guarniciones, cinchas y mil cosas más, todas urgentes de arreglar. Ahora, el cuartillo también está atiborrado de esos pertrechos y de herramientas y material… que ni tienen  urgencia ni hay que reparar. Son los recuerdos de los que no se quiere separar. Y los retratos de sus padres y de su mujer, a la quiso mucho y añora más. Allí suele estar con su nieto. Siempre se les ve de parloteo a los dos. Sugestiva estampa, y poco frecuente ya.
Gran maestro de la guarnicionería y de la propia vida, Don Antonio Grande luce sus 84 años con mucha salud, que Dios ha de guardarle muchos años.
 La operación a corazón abierto, hace doce años, quedó atrás. Dice que el secreto es que nunca ha fumado, ni ha bebido y le ha ido bien en las cosas esas del amor; que eso le tuvo –dice él-, que venir muy bien para desatascar los tubos que le pusieron en el corazón. Le falta decir que el tamaño del suyo también ha debido influir.
Genio y figura de un gran artesano ecijano y persona de bien.

                                                              Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda

1 comentario:

Anónimo dijo...

Gran dedicatoria a dos grandes profesionales.