Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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30/7/14

¿FUE LEYENDA o FUE VERDAD?











El pasado día de nuestro Santo Patrón asistí a una Misa en la cual un sacerdote con ciertos complejos meditaba en alta voz sobre la veracidad o no de la aparición de Santiago conduciendo al ejército cristiano a la victoria, eso de un Santo atacando al infiel con su Cruz y con su espada no le sonaba bonito al señor cura. Como ya me voy haciendo viejo y tiendo a confundir mi pasado a punto estuve de levantarme y responder al sacerdote: ¡Yo estuve allí! Pero no me salen las cuentas.

En definitiva para los que estuvimos allí y no dudamos que fue verdad vaya mi breve recordatorio de los hechos como homenaje a nuestro Patrón en ritmo de "romance amétrico", licencia que me permito por tratar entre amigos:




Campo de la Matanza amanece, en las cercanías de Clavijo, a la umbría del Laturce orando está el Rey Ramiro. Ayer rehusó el tributo del honor mancillado, cien doncellas al emir y Ramiro lo ha negado.



Solo queda la batalla, hacia ella va el cristiano, les aguarda Abderramán con su ejército africano. Seguro está el rey moro, su fuerza es imponente, levas hizo en el Magreb y quintuplica a los de enfrente.



Se refugia el Rey cristiano en el castillo de Clavijo, el Santo Patrón Santiago en un sueño le bendijo: Galoparé entre vosotros, la victoria le predijo. Alentado por el Santo arengó a la suya tropa, al frente partió el cristiano para recobrar su honra. Cuando cerca ya divisan a la ingente horda mora y las fuerzas ya flaquean y de morir llegó la hora, en ese preciso instante, roto el cielo en mil pedazos, trueno blanco que al galope, llevando la Cruz en brazos, pone en fuga al infiel de un infierno pavoroso y el ejército cristiano ¡Cierra España! victorioso. Verdad o leyenda fuera con certeza no lo sé, pero allí estuvo Santiago y fue el triunfo de la fe.

Santiago Zerolo
Lancero de Farnesio
Húsar de Pavía

¡¡SANTIAGO y CIERRA ESPAÑA!!


9 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

Mateo 11, 25-30
En aquel tiempo, tomando Jesús la palabra, dijo: «Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños.

¡¡SANTIAGO y CIERRA ESPAÑA!!

Martínez de Merlo dijo...

Antes de que hubiera Curas, antes de que hubiera Iglesia y antes de que existiera Historia, es decir, en la Prehistoria, ya hubo grupos humanos que dejaron para la posteridad un jinete combatiendo con las cabezas de sus enemigos rodando entre los cascos de su caballo. Es algo atemporal, es de siempre. Quien no entienda esto no entiende nada.
Los Moros, los Cristianos y tantos bueno o malos, según quien los mire, son de mucho después. Si la España Visigótica hubiera sido invadida por los Vikingos, la representación de Santiago solo cambiaría unas cabezas por otras.
Tu amigo el Cura, no cree en nada. Quizá sea porque nunca ha tenido la necesidad de jugarse la vida en un campo de batalla.
Si la hubiera tenido quizá hubiera creído en los símbolos, en los oráculos y en la ayuda de los dioses como todos los guerreros han creído siempre.
Pero muchos de los que nos rodean no creen en nada.
Yo también estuve allí y vi cabalgar a Santiago, como vi posarse el murciélago en la tienda de D. Jaime.

Fernando Eusebio dijo...

No te preocupes Santiago, dicen que Santa Barbara tampoco existió, pero como me dijo un anciano cura ¿A quién le hace daño creer en eso?. Caballeros y Artilleros estamos orgullosos de nuestros Patronos.

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Santi, ¡yo estuve allí!, y a mi si me salen las cuentas...
Santi, Jesus; chapeau.

Francisco Benítez dijo...

Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.

Cristina Fdez. de Valderrama Alonso dijo...

Puede que en un tiempo fuera leyenda, pero hoy, es verdad.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

(De la Revista FNFF)
La Biblia se refiere habitualmente al Apóstol Santiago con el nombre de Jacobo, procedente del hebreo Ya’akov, que pasó al latín como Iacobus, derivando en una gran diversidad de nombres propios en las distintas lenguas europeas al extenderse el cristianismo: Jacobo, Iago, Yago, Tiago, Diego, Santiago, Xacobe, Jaime, Jaume, Jacob, Jakob, Jacques, Giacomo y James son sólo algunas de ellas. La variante Santiago surgió como evolución de la composición Sanctus Iacobus.

De acuerdo con la Biblia, Santiago era hijo de Zebedeo y Salomé, y hermano mayor del apóstol Juan. Los Evangelios se refieren a él como ‘el Mayor’, para diferenciarlo del otro Apóstol Santiago (Santiago Alfeo o Santiago ‘el Menor’). Juan, Santiago, Andrés y Pedro se dedicaban a su trabajo cotidiano como pescadores cuando Jesús llegó a la orilla del lago de Genesaret y los llamó para que se unieran a él como ‘pescadores de hombres’. A los dos primeros Jesús los apodó Boanerges, ‘hijos del trueno’, por su fuerte temperamento.

Juan, Santiago y Pedro llegarían a tener especial relevancia entre los Apóstoles, pues fueron los únicos admitidos en el milagro de la resurrección de la hija de Jairo, la curación de la suegra de Pedro y la Transfiguración del Monte Tabor; y escucharon las palabras de Jesús en el Getsemaní. En los episodios posteriores a la Resurrección, vuelven a aparecer en su compañía con frecuencia.

Según cuenta la tradición, cuando los Apóstoles marcharon a predicar las enseñanzas de Jesús por el mundo, Santiago encaminó sus pasos a Hispania. El Breviarium Apostolorum del s. VI, y los textos de San Isidoro en el s.VII y del Beato de Liébana cien años más tarde, sitúan a Santiago en distintos puntos de la Península Ibérica como evangelizador.

Los relatos más conocidos son los que refieren las visitas que recibió de la Virgen en Zaragoza y en Muxía para reconfortarlo cuando su ánimo decaía. La aparición en Zaragoza tuvo lugar aún en vida de la Virgen, cuando habitaba con el Apóstol Juan en Éfeso y, tal como cuenta la historia, María se le apareció sobre un pilar, dando así lugar a la advocación de la Virgen del Pilar. Por otro lado, la aparición mariana en Muxía mezcla elementos cristianos y precristianos: cuenta esta leyenda que cuando Santiago se hallaba predicando por el noroeste peninsular, se angustió por el poco éxito de su misión evangelizadora. Mientras oraba a la orilla del mar vio aparecer una embarcación de piedra, gobernada por dos ángeles, en la que viajaba María. La Virgen lo animó a continuar su labor y le entregó una imagen suya, para la que Santiago levantó un pequeño altar debajo de una roca. Muchos años después, las gentes del lugar encontraron la imagen y construyeron allí mismo un santuario, la Iglesia de Nuestra Señora de la Barca, a la que cada septiembre acuden numerosos romeros. La barca de piedra quedó en la orilla y a sus piezas (tres piedras que representan la barca, la vela y el timón) se les atribuyen diversas propiedades milagrosas.... (Continua)

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

....
La figura de Santiago Matamoros, el apóstol guerrero, se convirtió en verdadero estandarte de la Reconquista desde que el 23 de mayo del 844 se apareció ante el rey Ramiro I y otros monarcas cristianos montando un caballo blanco y blandiendo una espada para ayudarlos a vencer a las tropas de Abderramán II en la Batalla de Clavijo Los milagros atribuidos al Apóstol se repitieron y sus apariciones se multiplicaron, infundiendo valor a los guerreros que en su nombre (‘Santiago y cierra España’) finalmente reconquistaron España en 1492; y propiciando más y mayores peregrinaciones de toda Europa hacia la milagrosa Compostela a través de los territorios reconquistados, surcados por el Camino de Santiago. De acuerdo con los Hechos de los Apóstoles, en el año 44, mientras predicaba en Jerusalén, Santiago fue apresado por orden de Herodes Agripa I, quien ordenó su decapitación. Fue, por tanto, el primer apóstol en sufrir martirio.

La tradición narra que Santiago Alfeo (‘el Menor’) recogió la cabeza de Santiago y la entregó a la Virgen María para que la custodiase. Hoy esta reliquia se conserva en la Catedral de Santiago en Jerusalén, perteneciente al Patriarcado Armenio. En cuanto a su cuerpo, sus discípulos lo recogieron y partieron en un barco a buscar un lugar apropiado para darle sepultura. En esta embarcación mágica, que no llevaba tripulación ni precisaba de guía, atravesaron el Mediterráneo y llegaron hasta las costas atlánticas.

Atracaron en el puerto de Iria Flavia, en los confines de la tierra entonces conocida, donde quedó la barca amarrada a un poste de piedra, lo que explica el origen etimológico del nombre de la villa de Padrón (pedrón). El territorio estaba dominado por una reina pagana, la Raíña Lupa. Los discípulos le pidieron un carro y una yunta de bueyes para transportar el cuerpo de Santiago. Ella, taimadamente, los envió a un monte próximo en el que pacían rebaños de toros bravos. Pero en lugar de embestirlos, los toros se acercaron dócilmente a los discípulos y se dejaron poner el yugo. Se dice que la Raíña Lupa, impresionada por este y otros prodigios, se convirtió al cristianismo.

Con el cuerpo del santo en la carreta, los toros echaron a andar sin ser guiados. En el lugar en que se detuvieran sería enterrado Santiago. Los discípulos Teodoro y Atanasio quedaron como custodios del sepulcro, y a su muerte fueron enterrados junto al Maestro. El lugar de arcis marmaricis quedaría olvidado varios siglos en la espesura del monte Libredón hasta que Paio, un eremita que habitaba esos parajes, vio una noche un resplandor que señalaba la situación exacta del templo.

La fecha del hallazgo es para algunos investigadores el 813, para otros del 820 al 830. Poco podía imaginar aquel ermitaño que su descubrimiento sería el germen de una de las más florecientes ciudades de la Europa medieval, de una nueva Ciudad Santa y de una hermosa Catedral que convocaría a los fieles de toda Europa


Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

Del artículo de Pablo Luis Fandiño en Tradición Digital “Santiago el Mayor: Hijo del Trueno, Apóstol y Patrono de España”
……El Apóstol Santiago en América

Tal popularidad alcanzó la devoción al Apóstol Santiago en el Nuevo Continente que su geografía está salpicada con su recuerdo. Importantes ciudades llevan su nombre, por ejemplo: Santiago del Estero (Argentina), Santiago de Chile, Santiago de Cali (Colombia), Santiago de Cartago (Costa Rica), Santiago de Cuba, Santiago de Guayaquil (Ecuador), Santiago de Querétaro (México), Santiago de Managua (Nicaragua), Santiago de los Caballeros (República Dominicana), Santiago de León de Caracas (Venezuela), etc.

Pero el hecho histórico más notable en América, fue su milagrosa intervención en el cerco que Manco Inca impuso al Cusco en 1536. Doscientos peninsulares fueron implacablemente asediados por doscientos mil indios durante ocho meses. Viéndose en situación tan difícil, resolvieron los europeos morir peleando todos en un día en vez de aguardar la muerte por hambre o por heridas. Después de confesarse e invocar a los santos de su devoción, salieron al amanecer dispuestos a morir como buenos cristianos.

Arremetieron a los indios, llamando a grandes voces el nombre de la Virgen y el de su defensor Apóstol Santiago. Los unos y los otros pelearon obstinadamente […].
Al cabo de cinco horas que así peleaban, se sintieron los fieles cansados, y sus caballos andaban ya desalentados […].
A esta hora y en tal necesidad, fue Nuestro Señor servido favorecer a sus fieles con la presencia del bienaventurado Apóstol Santiago, patrón de España, que apareció visiblemente delante de los españoles, que lo vieron ellos y los indios encima de un hermoso caballo blanco, embrazada una adarga, y en ella su divisa de la orden militar, y en la mano derecha una espada que parecía relámpago, según el resplandor que echaba de sí.
Los indios se espantaron de ver el nuevo caballero, y unos a otros decían: « ¿Quién es aquel Viracocha que tiene la illapa en la mano?» (que significa relámpago, trueno y rayo). Donde quiera que el santo acometía, huían los infieles como perdidos, y desatinados se ahogaban unos a otros, huyendo de aquella maravilla.

Figuras de fuego, que entusiasmen y que cautiven, como la del Apóstol Santiago, nos hacen falta hoy más que nunca. Aprendamos de su ejemplo, de su fe inconmovible de la que nos dio prueba con su martirio, de su ardiente devoción por la Santísima Virgen, y de su deseo apasionado por la gloria de Dios.