Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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13/2/14

EL ESPÍRITU JINETE EN PELIGRO. AÑO 1956.











No tengo el honor de conocer bien la biografía del General Julio García Fernández "El Pájaro", pero su hijo, Santiago García Benavides, es de mi Promoción de Caballería, la XXX, y padrino de mi hijo Jóse (Chevito).

Su otro hijo, QPD, Jose Antonio, fue mi Capitán en el Escuadrón de Lanceros de la Guardia Real, y mi General en Cría Caballar.
Sé por ellos que cuando el "Pájaro", su padre, se hizo cargo de la Brigada de la División de Caballería, terminó su discurso de toma de mando diciendo: 

En resumen Caballeros, yo no sé si mando bien o mando mal, lo que sí sé es que mando mucho.


Se le entiende todo. Es decir, UN GENERAL.

Imposible dejar de señalar que el General fue Medalla de Oro por equipos en la prueba de saltos de obstaculos en la IX OLIMPIADA DE AMSTERDAM, montando a "Revistada"

12 de agosto de 1928.

Eduardo Gortazar me manda unas reflexiones  del General, que lo sitúan como líder ideológico de los POETAS MUERTOS.


 General Julio García Fernández "El Pájaro"



LA TRANSFORMACIÓN DE LA CABALLERÍA Y EL ESPÍRITU JINETE.
(Año 1956)

¿Cómo fue creado este Espíritu?
Ha sido labor de siglos. El paulatino mejoramiento en las misiones características del Arma en el transcurso de los tiempos y las enseñanzas de las diversas campañas recogidas por generaciones sucesivas de jinetes, lo habían ido modelando y acrecentando.
Las modernas generaciones lo aprendieron al llegar al Arma, en parte por llevarlo consigo el ambiente y las disciplinas de estudio, y en parte también conforme los alumnos se iban convirtiendo en Jinetes mediante una profunda preparación ecuestre.
La pequeña lucha diaria para dominar los deseos del caballo imponiéndose a su voluntad, incluso a su instinto de conservación, como ocurre en el galope campo a través y en el salto de obstáculos, iban creando y desarrollando estas cualidades y modelando la formación de los futuros jinetes. Era el caballo el que poco a poco se las iba proporcionando, al mismo tiempo que su constante caminar por el campo y los acertados ejercicios ampliaban y mejoraban sus facultades físicas, su resistencia, su vista y su soltura para orientarse y moverse en el terreno.
Más adelante los pequeños ejercicio tácticos, completaban sus facultades, adiestrándoles en conducir rápidamente y con acierto a sus hombres, en sustraerles al fuego del adversario y en sacar a sus unidades el máximo rendimiento. En una palabra, el caballo era su principal elemento de instrucción, lo mismo que había de ser después su principal arma de guerra.
El desarrollo de todas las cualidades antedichas, contribuía a fomentar la personalidad de los individuos, y creaba en los Jefes del Arma y en todos sus componentes, una especie de culto y admiración por los individuos en que esas cualidades estaban más desarrolladas, exaltándose así la posesión de las ansiadas virtudes, entre ellas la caballerosidad, ya que no en vano fue el caballo el que hizo al hombre caballero, por la nobleza, abnegación, y voluntad con que siempre reacciona el noble bruto; cualidades que se hicieron comunes a todos los componentes de la Caballería.
 El clima en el que nacía y se desarrollaba este espíritu no es el de hoy. El caballo no es ya el único y principal elemento para conseguirlo; a su vez el ambiente también ha variado sustancialmente. No se habla ya de caballos en los Cuerpos de Guardia de los Regimientos, ni se practica apenas la equitación, ni se ha sustituido por otro deporte arriesgado que desarrolle aquellas cualidades de arrojo, valor e iniciativa, lo que resulta muy peligroso para la conservación de tal espíritu.



José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería

2 comentarios:

El Lancero Bengalí dijo...

Es cierto y real cuanto he leído anteriormente. Chevi describe lo que está pasando en la actualidad, pero voy a agregar algo y siempre desde mi punto de vista, es decir, mi personal opinión.
Centrándome en el Arma de la Caballería, sabemos que el caballo ha sido relevado por el carro de combate, pues bien, el problema estriba en no haber transmitido aquel espíritu jinete a las 30 o 40 toneladas de acero; los que hemos estado en carros sabemos muy bien que bajar una pendiente pronunciada que se interpone en nuestra progresión, con 16 carros más - en el caso de la Infantería antigua - muchas veces se asemeja a aquellos cortados de La Zarzuela, marchar a toda potencia y velocidad por terrenos variados y desconocidos con las 30 o 40 toneladas, tienen un gran parecido con las galopadas de carga, preguntárselo a las columnas vertebrales cuando se pasa por terreno difícil. Si nos referimos a su
mantenimiento, los carristas sabemos que es tan o más dificultoso que el empleado con nuestros amigos y compañeros los caballos. En todo ello se necesita como nunca un gran corazón. Hasta aquí y por no extenderme más con abundantes similitudes y dejando aparte y añorando el indudable romanticismo de caballo - caballero, el problema estriba en nosotros mismos que quizás no hemos sabido o querido transmitir o mejor dicho dar continuidad a aquellos valores de la Caballería pero con las 30 o 40 toneladas de acero, con cuatro o cinco corazones dentro que le aproximan al conjunto caballo-caballero. Triste cambio, indudablemente, pero sin solución debido al inevitable desarrollo. El problema, a mi modo de ver y salvo honrosas excepciones, lo que ha ocurrido y ocurre estriba en nosotros mismos (por incluirnos) que quizás en lo único que pensamos es en otras cosas que no es necesario citar pero conocidas por todos,
dejando a nuestros carros y "otras cosas", en un profundo sueño. Todo lo dicho, no es imputable exclusivamente a la Caballería, con seguridad es extensible con sus diferentes características y circunstancias, al resto de las Armas y también ¿por qué no? A los Servicios.
Rogelio González Andradas

Ramón Muñoz dijo...

Creo estar bastante de acuerdo con lo que escribe El Lancero Bengalí, y esto es así porque ─salvando las distancias propias de las diferentes Escalas─ en las distintas Academias, y luego en las distintas Unidades, se ha ido paulatinamente abandonando la práctica de la Equitación como medio de crear y fortalecer el Espíritu Jinete. ¿Cuántos jinetes ha habido en cada una de las promociones de la Academia de Caballería de los últimos cincuenta años? ¿Y en las promociones de Suboficiales? A las pruebas me remito.