Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




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8/12/13

HIMNO DE LA FIEL












LA FIEL INFANTERÍA
SU HIMNO


Aunque parezca que Toledo arde, para el “Alcázar” será un incendio mas; es muy difícil derribarlo, e imposible que se rinda.

Hoy  ocho de diciembre día de la Inmaculada Concepción y patrona de la Infantería Española, quiero felicitar a todos mis amigos los infantes, y lo hago recordando los orígenes de su maravilloso himno.

   Textualmente transcribo parte del libro de Luis Moreno Nieto “Franco y Toledo” publicado por la Excma. Diputación Provincial de esa ciudad en 1972.

 Del periodista toledano Moreno Nieto, me cuentan que en la Cruzada de Liberación Nacional combatió como voluntario en primera línea y alcanzó el grado de Teniente Provisional de Infantería.

   Antes de incorporarse a los frentes de combate, fue el corresponsal de guerra más joven del Ejército Nacional, pues cuando solo contaba diecinueve años publicó crónicas de las operaciones del frente de Madrid en “ABC” de Sevilla, y en “La Voz de España” de San Sebastián. Durante muchos años fue redactor de el periódico “El Alcázar”, corresponsal de “ABC” en Toledo y cronista oficial de la Ciudad Imperial.

 


   Un cadete de la promoción del Caudillo, el maestro Fernando Diaz Giles, escribió por entonces el himno de la Academia de Infantería; lo recuerda una lápida con su nombre y con los de los hermanos José y Jorge de la Cueva, autores de la letra, que se ostenta en uno de los patios de la Academia actual. Lo que no dice la lápida es como nació el himno. Regía aquel año la Academia el Coronel Villalba, padre del hoy General Villalba, también de la promoción del Generalísimo. Llamó a su despacho a Diáz Giles, que tenía fama de buen pianista entre los cadetes:

-La Academia no tiene himno. ¿Serás capaz de hacerlo?

   Díaz Giles contestó que necesitaba una semana parea componerlo y el Coronel le dispensó gustoso de la asistencia a clase durante esos días. Se pasó la semana jugando al billar. Naturalmente, el trato de favor acabó en el acto. Meses más tarde, Díaz Gil fue arrestado por llegar tarde a lista. Al segundo día de arresto en aquel cuchitril, donde no había más que un camastro, un pupitre, una vela y una silla, se le ocurrió intentar el himno, y como no tuviese a mano papel pautado, trazó los pentagramas a lápiz en los

respaldos en blanco de unos apuntes de trigonometría. En realidad, lo que hizo  fue el “Alevín” de la partitura. Al salir del calabozo redondeó “aquello”, formalizó el número base de las melodías apuntadas, y, tras unos retoques oportunos, surgió completo el himno que desde entonces se canta.

   Por cierto, que el Coronel Villalba, al conocer por el mismo Díaz Giles la noticia, exclamó: “ ¡ Si llego a saber esto, en vez de darte una semana de asueto, que tan bien, aprovechaste haciendo carambolas en el billar, te meto un mes de calabozo !”

 

   Formó Fernando Díaz Giles un orfeón con cincuenta de sus compañeros de diversas promociones, y el 8 de diciembre de 1909, festividad de la Purísima, Patrona de la Infantería, lo estrenó después de la Misa de Campaña, en el Patio del Alcázar, con los componentes de su coro, agrupados al pie de la estatua de Carlos V y en presencia de toda la Academia y Profesorado, con su Coronel.

   Gustó mucho la música y tuvo que repetirla varias veces, como también después de la comida de gala. Sobre él, un tanto encogido, se volcaron el entusiasmo y los abrazos de sus compañeros y Jefes. Por primera vez, gozó de los halagos del triunfo en el orden artístico.

   Es detalle curioso que el Teniente que había arrestado a Díaz Giles le llevó aquella tarde a merendar a su casa, y entre presentaciones y presentaciones se enorgullecía ante sus deudos “por la parte que él tenía en la obra”, ya que, gracias a una “medida” suya, tenía himno la Academia.

   Más tarde cantaron el himno todos los cadetes, entre ellos Franco, y en la promoción siguiente, Muñoz Grandes, entre otros alumnos que habían de hacerse famosos.

   Cuando las fuerzas destacadas en Marruecos se reunieron en el Llano Amarillo, de Ketama, para unas maniobras que fueron aprovechadas para preparar el Alzamiento Nacional, al terminar los ejercicios las tropas cantaron el himno de la Academia de Infantería, entre los cedros de aquel paraje, como para sellar solemnemente el compromiso que contraerían de salvar a la Patria.

Durante la Cruzada de Liberación fue también cantado muchas veces el himno por las fuerzas de Infantería y retransmitido por Radio Nacional de Burgos.

   A partir de entonces, la obra quedó convertida en himno de toda la Infantería Española, y como tal, bien interpretándose en actos y solemnidades del Ejército, así como en otros civiles de significación patriótica.

   Las radios han contribuido mucho también a divulgarlo con discos de banda y de instrumentos y voces. El término de la letra de la obra, “LA FIEL INFANTERÍA”,  se ha hecho también muy popular.

   Díaz Giles se retiró de comandante para dedicarse a la música. En el teatro lírico alcanzó éxitos brillantes. Más de una vez, en sus últimos años, fue invitado a los actos promocionales de Infantería en las gloriosas ruinas del Alcázar para dirigir el himno a la banda y a los Generales y Jefes que lo cantaba.

Falleció el día 5 de diciembre de 1960.

 


La letra del himno, original como decimos, de los hermanos José y Jorge de la Cueva, dice así:
 
 

 

Felicidades y un fuerte abrazo
Zaragoza 8 de diciembre 2013
Ángel Cerdido Peñalver

7 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

Felicidades a todos los infantes, a la orden de mis superiores y abrazos para todos

Javier de la Uz dijo...

Para mi, es el himno más bonito de todos. Y por reconcerlo, no soy menos de la gloriosa Caballería.

Gonzalo Rodríguez-Colubi Balmaseda dijo...

La Inmaculada y el milagro de Empel
El conocido como Milagro de Empel tuvo lugar entre el 7 y 8 de noviembre de 1585, en plena Guerra de los Ochenta Años o Guerra de Flandes, cuando las 17 provincias que componían los Países Bajos se levantaron en armas contra Felipe II, poco después de que su padre, Carlos I de España, le legara el trono. Los Tercios españoles fueron enviados a estos territorios para intentar poner orden.

El Tercio comandado por el Maestre de Campo Francisco Arias de Bobadilla, con cinco mil hombres a su mando, se encontraba sitiado en la isla de Bommel, entre los ríos Mosa y Waal, por la escuadra del almirante Holak, compuesta por un número mucho mayor de efectivos y más de un centenar de buques de guerra. La situación era casi desesperada, pues al estrechamiento del cerco se unía la escasez de víveres y la falta de ropa seca de un ejército casi harapiento.

El almirante rebelde propuso entonces a los españoles una rendición honrosa, lo que no fue aceptado por el Tercio: "Los infantes españoles prefieren la muerte a la deshonra. Ya hablaremos de capitulación después de muertos", respondió el mando español. Tras esta decisión, Holak ordenó romper los diques de los ríos para inundar la zona ocupada por las tropas españolas, que no tuvieron más remedio que refugiarse en el pequeño montecillo de Empel.

Los soldados del Tercio comenzaron a cavar una trinchera para defenderse del más que seguro ataque rebelde, momento en el que uno de los mismos encontró una tablilla flamenca de madera con una imagen de la Inmaculada Concepción. La imagen fue colocada en un improvisado altar. El Maestre lo consideró una señal divina e instó a sus solados a luchar encomendándose a la Inmaculada Concepción.

Un inusual y helador viento congeló durante la noche las aguas del río Mosa, lo que permitió al Tercio español atacar por sorpresa las tropas enemigas al amanecer del día 8, consiguiendo una rotunda victoria. Tal fue, que el propio almirante Holak llegó a decir: "Tal parece que Dios es español al obrar, para mí, tan grande milagro". Aquel mismo día la Inmaculada Concepción fue proclamada patrona de los Tercios españoles

José Antonio dijo...

Aunque míseros y hambrientos,
rodeados de enemigos y sin esperanza de recibir refuerzos,
asfixiándose en polvo y humo o de mugriento barro cubiertos,
por ratas, chinches y piojos, comido todo su cuerpo,
ateridos por el frío o en sudor empapados, y sedientos,
contusos y heridos con fracturas y con agujeros cruentos,
oliéndose a sangre reseca y a vestidos harapientos,
nunca verás decaer o quejarse a ningún soldado infante,
porque los infantes españoles, aún en el último instante,
puesto el pensamiento en Dios, en la Inmaculada,
en España y en su patriótico juramento,
entonarán orgullosos su himno, que ¡resucita a los muertos!

José Antonio Chamorro Manzano
XVI Promoción A G M

Eduardo Gortázar dijo...


Enhorabuena en el día de su patrona a los componentes del Arma hermana.
Por cierto, en la letra del himno que viene en esta entrada (imagino que será el original) noto la falta de la siguiente estrofa

"Y la sangre enemiga en sus espadas

y la española sangre derramada

tu nombre y sus hazañas cantarán."

Quizás se añadió posteriormente o estuvo desdee el principio pues también en la estrofa final ha habido modificaciones (si alguien lo puede aclarar mejor)

Por otro lado y siendo bisnieto, nieto e hijo de infantes he de decir que el himno es precioso, no obstante la canción que me pone los vellos de punta y me llega a lo más profundo del corazón es " El novio de la muerte"...Y eso que nunca he vestido de verde.

Jose V. Ruiz De Eguílaz y Mondría dijo...

Si siempre lo he dicho, los infantes algo bueno tienen...

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Yo también estoy de acuerdo con Eduardo Gortázar, en que en la Letra del Himno de Infantería, faltan las estrofas:
" Y la sangre enemiga en sus espadas
Y la española sangre derramada
Tu gloria y tus hazañas cantarán"
He cantado este Himno durante ocho años en que he tenido el honor de ser Profesor de la academia de Infantería y siempre con el terceto que falta en el original. Y por supuesto el verso inicial de las estrofas finales siempre era.
" Y estos que en la Academia toledana" etc. De todas formas es un himno precioso y muy emotivo. Personalmente siempre me emociono al cantarlo.
Pd/ La foto con Toledo al fondo en el ocaso de un atardecer toledano , no puede ser más bella.