Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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5/2/13

LAUREADOS 1936


Chevi, te mando un artículo que he escrito (no sin esfuerzo pues resulta a veces difícil averiguar ciertas cosas) sobre la actitud de los generales laureados vivos en julio de 1936, para que lo incluyas en uno de los blog.
Un abrazo y a tus órdenes



LAUREADOS 1936 (I)


El reglamento de  la Orden de San Fernando de 1920, recoge en su artículo 47: “En todas las acciones que reputa como heroicas este reglamento para cualquier individuo del Ejército o Armada, será requisito indispensable que los hechos realizados no estén originados como único impulso por el propósito de salvar la vida, y revelen en todo momento el de afrontar y sobreponerse al riesgo, sea éste o no inevitable”.

El citado reglamento con su extenso articulado, tipifica los hechos en los que se puede ser acreedor de la citada condecoración…Pero éste no va a ser el objeto de mi estudio, porque….

Siempre he tenido la inquietud de saber si el ser Caballero de la Orden significaba  o llevaba aparejado tener un concepto trascendente de la vida, una ideología determinada o tenían el pensamiento  “joseantoniano” de la muerte ocasionada por un móvil espiritual. En fin, como es imposible conocer a todos y cada uno de los integrantes de ella, me planteé, iluminado por el sol de mi querida Écija, un reto más simple: ¿Qué opción tomaron los laureados el 18 de julio de 1936?

            Parece sencillo pero no lo es. En 1936 había desde Generales en 2ª reserva hasta carabineros retirados, civiles, médicos…Pero como todo tiene un principio empezaré diciendo que, pese a poder equivocarme, pues repito que la cosa no están sencilla, calculo que el verano del citado año habría en España sobre unos 90 ó 100 laureados vivos,  y digo esto porque aunque los datos que tengo son fiables pueden llegar a ser inexactos (son todos los que están pero pueden no estar todos los que son). Las vicisitudes de cada uno son dispares.  No he hecho más que comenzar  y resulta en algunos casos difícil encontrar datos. Intentaré poco a poco estudiarlos. En este primer acercamiento y para no ser farragoso empezaré con los Generales (si todo va bien en próximos artículos seguiré con Coroneles, Oficiales, suboficiales…).

            Generales vivos había 18 más un contraalmirante. La gran mayoría estaban en la reserva. Sólo uno en activo y era Domingo Batet Mestres (64), General de División. Se le concedió la medalla en su calidad de jefe supremo de todas las fuerzas del territorio que guarnecía la 4ª División en el mes de octubre de 1934 y, especialmente, por el acierto, resolución y bravura con que concibió, dirigió y realizó en Cataluña las operaciones militares que dominaron la rebeldía en la capital y la frustraron en las provincias catalanas.

            Al producirse el alzamiento, era el jefe de la 6ª División Orgánica en Burgos. No se unió al alzamiento y fue fusilado en febrero de 1937. Paradojas de la vida.

            Pues Batet fue el único en Activo, el resto estaban disponibles sin destino, en la reserva o eran ex militares.

            De los tres Tte,s Generales dos de ellos: Pío López Pozas (65), disponible en Madrid y Laureado en Filipinas y José Rodríguez Casademunt (66), Pte. De la Orden de S. Fernando en la reserva y laureado en Cuba, fueron fusilados en Paracuellos a los pocos días del alzamiento. El Primero había sido Jefe de la Casa del Rey.

            El tercer Tte. General también en la reserva era Ricardo Burguete Lana (65), laureado en Cuba,  había desempeñado cargos importantes en el Gobierno de la República. Desde Valencia no sólo no se sublevó sino que colaboró con el gobierno republicano contra los sublevados desde allí, especialmente demostró ánima aversión contra Queipo de Llano al que le culpaba de la muerte de su tercer hijo.

            Siguiendo con los altos mandos, hubo dos “Ex militares” que habían llegado a esa situación por haber apoyado en 1932 un levantamiento contra el régimen. Uno de ellos fue José Sanjurjo Sacanell, cómo no, laureado en 1914 en Marruecos y que de sobra conocida fue su implicación en Julio como cabeza visible del alzamiento, como lo había sido en el 32 y que salvó la vida por los pelos,  pero muerto por accidente de aviación el 20 de julio. El otro “Ex” muchísimo más conocido para nosotros, los “poetas muertos” y los de Caballería por ser la punta de lanza de la carga de “Taxdirt. Bueno, habéis acertado todos…José Cavalcanti de Albuquerque y Padierna que le ganó la mano a Salcedo en Galicia, como 27 años antes lo había hecho con el sarraceno, proclamando el bando de guerra, pero dado su precario estado de salud murió en San Sebastián en 1937.

            Francisco Trapote González, General de Ingenieros laureado en Filipinas siendo Soldado, residía en Valladolid en 1936.

Salvador Castro Somoza (70), Gral. De Inf. Laureado de 2º Tte. en Cuba y que residía en La Coruña.

Jerónimo Durán de Cottes, Gral. Médico autor de varios estudios científicos sobre diferentes patologías, Laureado en Cuba.

José Herreros de Ridder (79), Gral. De Infantería.  Laureado en Filipinas 1898 y residente en Madrid.

Saturnino Martín Cerezo (70), el famoso héroe de Baler “Los últimos de Filipinas” y que también residía en la capital de España.

Manuel Barreiro Álvarez, Gral. de Ingenieros (Aviación) que fue de los primeros pilotos laureados en Marruecos en 1913 que murió en Galicia en 1940.

 Ricardo Álvarez Espejo , que había sido jefe del Servicio de Aviación en 1924, laureado en 1896.

Pues estos siete valientes, todos en la reserva o inválidos, bien por su edad o sus precarias condiciones de salud, no tuvieron una actuación destacada ese julio del 36 ni durante la guerra (según la información de que dispongo evidentemente), pero todos murieron en España después de la contienda.

Arcadio Muruzábal Resano, Gral. de Inf que ganó la Laureada en Cuba (1897) siendo 2º Tte. Residía en Pamplona, estaba en la reserva y aunque no estuvo en primera línea apoyó el alzamiento. En abril de 1939 fue destinado a Barcelona como presidente de un Consejo Militar. También desde Ceuta se alzó el Gral. de Inf. León del Real Bienert, que había ganado la condecoración en el norte de África en 1913, apoyando el alzamiento todo lo que su invalidez le permitía. Murió en 1944.

Modesto Aguilera Ramírez de Aguilera, Gral. De Artillería que siendo capitán le concedieron la cruz por los méritos contraídos en el combate de Laucien en (Tetuán) el 11 de junio de 1913 y que después de la contienda  fue presidente del Consejo Supremo de Guerra.

Eduardo López de Ochoa y Portuondo. Se le concedió por su calidad de jefe de las fuerzas que actuaron en la zona sublevada de Asturias, en el mes de octubre de 1934, y especialmente por el heroísmo, resolución y acierto con que concibió, dirigió y realizó las operaciones militares que rápidamente restablecieron el orden y reprimieron la rebeldía. En 1924 pasó a la situación de primera reserva en Barcelona con el empleo de general de brigada, y cuatro años después fue dado de baja en el Ejército, reingresando en 1931 al proclamarse la República. El 18 de julio se encontraba ingresado en el hospital militar. Se supone que adepto al gobierno republicano, pasó desapercibido los primeros días hasta que un grupo descontrolado de milicianos lo sacó del hospital y lo fusilaron en agosto por haber sido el causante de la represión de los mineros.

José Enrique Varela Iglesias, apartado de Ejército por su oposición al Gobierno (disponible forzoso en Cádiz) al estallar la guerra, fue detenido y encarcelado en el fuerte Santa Catalina de donde salió al día siguiente para ponerse a la cabeza de la sublevación en Cádiz. El bilaureado Varela llegó a ser Ministro del Ejército.

Y por último queda el Ilustre marino Ramón de Carranza y Fernández de la Reguera. Participó en la Guerra de Cuba al mando del cañonero Contramaestre, por lo que se le otorgó la Cruz Laureada de San Fernando. Tras el levantamiento del 18 de julio de 1936, llega a Cádiz desde Sevilla en avioneta, mostrando su completa disposición a los sublevados, lo que le valió para hacerse con el cargo de Alcalde (que ya había desempeñado antes de la República) el 29 del mismo mes.

Como apunté al principio, puedo haberme equivocado, que falte alguno o incluso algunos hechos que describo pueden no ser del todo correctos.

Más o menos está claro que la mayoría de los generales laureados antes de 1936 apoyaron la sublevación implicándose cada uno de forma diferente. Se vivieron momentos duros, la indecisión a más de uno le costó la vida. Herodes antes que  Pilatos o te quedabas a perder en los dos bandos…En fin, en próximas publicaciones veremos que pasó con el resto.


Eduardo Gortázar
Tcol. de Caballería

El "Tijeras" manda esto,que casualmente le manda Tomás del Cojo. 




Tendrán los caballos alma…- Pensaba Rodrigo mientras picaba espuelas con su sable al frente, dando la cara a la muerte que le esperaba en forma de fusiles y balas, con los que los rifeños, escondidos tras zarzales y chumberas, abrían fuego. La sed era implacable, el polvo del fondo de aquel cauce seco del río Igán, se había quedado impreso en las pieles de los jinetes y sus corceles.

Agripa, el caballo de Rodrigo sudaba, sangraba por sus encías, los estribos y los continuos tirones propios de la batalla, le habían dañado toda la boca. Sus costados sangraban, no abundantemente pero sí, que un manto rojo cubría el lomo de Agripa, las continuas arengas que le provocaban las espuelas del jinete, carga a carga le habían producido unas heridas importantes. Pero seguramente para Agripa, ese magnífico caballo de color azabache, de generosa crin y de ojos abiertos y despejados, que llevaba 4 años de servicio en el Regimiento, todo eso, eran avatares de la vida de un corcel en un Regimiento de Caballería.

Rodrigo oía las voces de sus compañeros que hacían eco de las órdenes de sus Oficiales, de los pocos que ya quedaban, tanto Oficiales como la Tropa, andaban ya muy disminuidos tras las cargas a lo largo de aquel interminable 23 de julio de 1921, en el que el Regimiento de Cazadores Alcántara Nº 14 estaba entregándose en vida, a proteger a los maltrechos restos de la fuerza española, que tras el debacle en Annual, se batían en retirada hacia El Batel, en dirección a Melilla.

A toque de diana, esa mañana había 691 jinetes. Ahora tras 6 cargas, Rodrigo apenas podía contar dos centenares. Los Escuadrones estaban diezmados, y se reagrupaban de la mejor manera, cerrando filas. Pero las órdenes eran proteger a aquellos desvalidos soldados, que asustados, diezmados, derrotados, desmoralizados corrían desesperadamente por sus vidas. Un único objetivo, llegar a la plaza de Melilla y al menos allí, intentar salvar la vida. Porque los rifeños avanzaban sin nada que los frenase, habían pasado a cuchillo durante toda esa semana a todas y cada una de las guarniciones españolas.

Las palabras del Teniente Coronel Primo de Rivera, habían sido vaticinadoras de todo lo que se esperaba de ellos. Sonaban en su cabeza como un látigo:

“Ha llegado para nosotros la hora del sacrificio. Que cada cual cumpla con su deber. Si no lo hacéis, vuestras madres, vuestras novias, todas las mujeres españolas dirán que somos unos cobardes. Vamos a demostrar que no lo somos”…

Y en el Alcántara no había ni un solo cobarde, tanto jinetes como sus caballos, habían entregado sus cuerpos y sus almas, al sagrado deber de la Caballería, proteger a los indefensos y desvalidos, poniendo en el empeño, la mirada del águila, la velocidad del rayo, y el corazón del león… y con ello sus vidas.

Agripa relinchaba, sentía poderosamente en su sangre los efluvios de la batalla. Los rifeños retomaban una y otra vez las posiciones en la ladera del río Igán, pero al igual que el Regimiento disminuía a cada carga, las fuerzas rifeñas cada vez que el huracán de la Caballería Española pasaba por encima de sus posiciones, estas fuerzas de salvajes, eran a su vez diezmadas. Caballos y jinetes del Alcántara caían en la carga, a lo largo de los largos metros que separaban una y otra vez, la libertad de los compatriotas de la columna de aquellos desvalidos, y los rifeños.

Pero una vez que los sables de estos valerosos jinetes, llegaban a la carne, los brazos fuertes y sus sables bizarros daban cuenta una y otra vez, de aquellos miserables fusileros rifeños, que llevaban escrito el mensaje de la muerte y maldad en sus ojos.

Rodrigo estaba encuadrado en el primer Escuadrón, en el Segangan, apenas pudo ver al mirar a su izquierda y a su derecha a más de 40 jinetes. Vio a su teniente, que andaba mal herido, con una venda en la cabeza. Vio al Sargento Martin, con una pierna casi destrozada, y vio a otros compañeros, todos con el sable en la mano, las riendas sujetas con firmeza, y en sus ojos, una mirada vidriosa, sin emociones, pero concentrada.

Las órdenes fueron claras, -¡¡Al paso…!!..- y el Alcántara volvía por séptima vez a cargar. Los caballos ya exhaustos comenzaban a avanzar al paso. Comenzaron a verse fogonazos a lo lejos, y algunas balas comenzaban a silbar cerca de las líneas de jinetes. Inmutables como desde el principio, cada uno fue fijando sus objetivos…

-Si llego, esos dos canallas de esa chumbera serán míos..- Pensó Rodrigo. Y Agripa seguramente supo escuchar a su jinete, porque no se desvió ni un centímetro en su avance. El caballo fijó también su mirada en aquella chumbera, y en aquellos rifeños, enseñó los dientes, afiló su mirada y relinchó.

-¡¡Para cargar…!!- Los jinetes comenzaron a espolear a sus maltrechos corceles, y las líneas de cazadores del Alcántara comenzaban a tomar velocidad. Se volvía a conjurar el huracán de la Caballería, y todos sintieron que el Apóstol Santiago volvía a cabalgar junto a ellos, blandiendo su espada como un jinete más.

Rodrigo espoleó al caballo, Agripa respondió aligerando el paso. Se oía la respiración forzada del caballo, el ruido de los cascos al batir el suelo, el jadeo de los jinetes…

-¡¡¡Carguen…!!!- Y el Regimiento como un solo ente se lanzó a la muerte una vez más. Los caballos apenas podían lanzarse al galope, algunos caían al suelo, exhaustos, otros por más que eran espoleados no superaban más allá del trote. Otros, entregados al sonido de las cornetas, al grito de los jinetes, al sonido de los disparos, se entregaron al galope, no con tanto brío, no con la fuerza de las primeras cargas, pero con el ímpetu necesario para desatar el ya nombrado huracán.

Agripa avanzaba, Rodrigo con el sable en la mano, con el cuerpo agachado pegado al cuello del caballo, le gritaba - ¡¡Adelante Agripa!!...¡Sigue!... ¡Sigue!…¡¡¡Viva España!!! …¡¡¡¡Viva el Alcántara!!!!... sigue Agripa…sigue hermano…-

El caballo respondía a la arenga de su jinete, volvió relinchar, volvió a incrementar el galope. Ya se veían de cerca los fogonazos de los fusiles de la Harka rifeña. Ya se oía la muerte, podía ver que la línea de jinetes del Escuadrón se desmoronaba, que caballos y jinetes caían al suelo, quedando en perfecta formación junto a otros hermanos ya caídos en las anteriores cargas.

Rodrigo se acercaba como el rayo hacia su objetivo, los dos rifeños se percataron que el jinete del Alcántara ya había fijado su dirección hacia ellos. Iba resuelto, y no se podría decir quién ponía más ímpetu en el avance, si el corcel o el jinete. Seguramente ambos, en comunión, dueños de su destino. La primera línea del Regimiento engulló a la primera línea de los tiradores rifeños, los Escuadrones habían quedado mezclado. Primero los más fuertes todavía, que fueron traspasando las líneas de la Harka. Detrás, no menos peligrosos iban llegando las desvalidas líneas de jinetes y caballos a menos velocidad. Algunos incluso ya llegaban a la línea a pie, fusil en mano, disparando a cuanto rifeño aparecía o salía en desbandada.

Rodrigo persiguió a los rifeños unos cuantos metros, al primero de un golpe de sable, le abrió la cabeza, el segundo fue cosa de Agripa, el cual lo arrolló y lo batió bajo su poderosa pisada. Ambos siguieron en el avance de la línea. Los rifeños salían corriendo, algunos más sosegados o menos impresionados por el poderío de aquella fantástica maquinaria de combate, compuesta por caballo y jinete español, se atrevieron a desafiarla. El resultado fue el mismo que para sus secuaces, la bravura y la fuerza de los caballos y jinetes del Alcántara, realizaron todo y más de aquello que se esperaba de ellos.

Rodrigo retuvo la carrera de Agripa, pararon. Se secó el sudor con la bocamanga del uniforme, y miró alrededor. Comenzó a ver una muchedumbre que disparando a todo lo que se terciaba, se les venía encima. Y la corneta sonó, tocaba a reagrupar las filas, tocaba volver antes de que la Harka, volviera a tomar posiciones y quedasen expuestos al fuego.

El regreso al vado del río Igán fue una tortura. Los caballos ya exhaustos en su totalidad, iban prácticamente al paso, Rodrigo comenzó a contar a groso modo cuantos volvían. En esa carga, prácticamente casi la mitad de los que habían cargado en ese séptimo asalto, habían dejado la vida.

Agripa ya trotaba forzado, Rodrigo notaba como los pulmones del caballo no se llenaban de aire, con su palma acariciaba el cuello y la crin del maltrecho Agripa, pero seguía, seguía en pie como su jinete. El primer Escuadrón se fue reagrupando, apenas se podían contar 20 jinetes, el Teniente ya no estaba, ni el Sargento Martín tampoco. Sus ojos se llenaban de lágrimas, todos cuantos amigos tenía, muy seguramente estaban ya muertos. De su orgulloso Escuadrón, apenas quedaban vestigios testimoniales de lo que había sido una Unidad de valientes cazadores.

La columna de tropas a la cual protegía el Regimiento Alcántara, todavía no había cruzado por ese paso, y la Harka volvía a posicionarse para hostigar, y cumplir así sus criminales actos. Pasaron los minutos, el tiempo no se detuvo, ni ninguno de los cazadores del Alcántara que quedaban en pie quiso que así fuera. Era su destino, era su momento, era su sacrificio y eran los laureles con los iban a bordar la gesta más honrosa y sublime de la Caballería de todos los tiempos.

Rodrigo descendió al suelo, quiso inspeccionar a su hermano. Agripa, ya expulsaba sangre por la boca, su respiración era irregular. Miraba a su hermano, a ese jinete con el que estaba alcanzando la gloria. Ambos se miraban, la manos del jinete acariciaban el hocico del caballo, y éste, se calmaba.

Rodrigo miró a su alrededor, y pudo ver como todos los jinetes hacían lo propio, mimar a sus hermanos, a sus caballos ya héroes, y todos tragaban saliva, la poca que tenían porque el Sol y el polvo, les impedían tener algo más que polvo en la boca.

De repente a viva voz, se oyó una voz, recia, fuerte, febril -…-…¡¡¡Cazadores del Alcántara…..Monten!!!...-

Rodrigo fue consciente en ese momento del destino. Aún quedaban hombres que proteger, aún no se había agotado el tiempo para aceptar ese servicio. Miró a los ojos al caballo, lo acarició como quien acaricia a un ser muy querido, y le dio un beso en el hocico. Un beso de hermano, era la sublime despedida. Un momento tan íntimo y fugaz, que sólo puede entenderse, cuando uno vive y muere junto a un hermano.

El jinete montó. El caballo volvió a relinchar. Y el cazador del Alcántara se dirigió a la primera línea de las que se estaban formando. Todos jinetes se miraban, todos cual espectros de barro, se miraban. Todos sabían cual iba a ser el destino, y dando por hecho que no eran mejores que sus compañeros y amigos ya caídos, sonrieron, sonrieron a la muerte y al destino.

-¡¡¡Cazadores del Alcántara….!!!..¡¡Saquen Sables….!!!...- Y todos de forma unísona sacaron sus sables, los cuales relucieron bajo el cielo de Marruecos como una lluvia de estrellas y de muerte. --¡¡¡Para cargar…..!!!!....¡¡¡Por España….Por nuestro honor…!!!...¡¡¡¡¡¡CARGUEN!!!!!-

Y así comenzó la octava carga del Regimiento de Cazadores Alcántara Nº 14. Ya no hubo galopes, ya no hubo trotes. Los caballos marcharon al paso, los jinetes se situaron en línea, y se lanzaron al sublime martirio, al sacrificio. Rodrigo miró a izquierda y derecha, reconoció rostros, y junto a sus hermanos, avanzaron para ganar el cielo, para entrar en la Historia, y para proteger a sus compatriotas, en una última y sublime carga de Caballería.

Atronaron los fusiles de la Harka, y los Cazadores del Alcántara esa tarde de julio de 1921, ganaron su inmortalidad.

UN ABRAZO A TODOS
    
 Tomás del Cojo López
Tcol. Caballería

3 comentarios:

Javier de la Uz dijo...

Gracias a ambos Tte. Coroneles por vuestros excelentes artículos, particularmente me gustaría veros más por el Blog.

Francisco Ángel Cañete Páez dijo...

Impresionante, épico y altamente emotivo, el artículo del TCOL. Tomás del Cojo. Con una gran belleza literaria, el autor nos describe en forma magistral, como fueron las cargas del glorioso "Alcántara" en la ya famosa tarde del 23 de Julio de 1921. ¡Honor y Gloria a tan heroicos soldados! y mi recuerdo también entrañable a sus nobles caballos, a los que hace años, dediqué un soneto titulado " A los Caballos de "Alcántara". Enhorabuena por su artículo, mi Teniente Coronel,- lo he sacado por la impresora e incorporado en lugar preferente a mi archivo sobre el "Alcántara"-. Un abrazo, y quedo a sus órdenes. Francisco Ángel Cañete Páez.- Comandante de Complemento. (XVII Promoción IPS)

G. uillermo dijo...

En mi opinión una excelente entrada, en sus dos partes.
Toda vez que el autor de la segunda parte, ya ha sido felicitado de una manera magnifica, quisiera felicitar al otro autor, al de la primera parte.
Por su demostrado interés por la historia militar; por haber elegido, acertadamente, un tema concreto, que le ha servido de motivo o excusa para poder zambullirse en esa historia; por que anuncia que va a seguir trabajándolo, a pesar de las horas que tendrá que echar, ya que los asuntos se van abriendo, abriendo y abriendo, hasta llegar a ser interminables.... pero apasionantes, pero no importa el trabajo, si así lo quiere uno...es una manera estupenda de ocupar ratos libres, y ofrecer a otros interesantes lecturas.
¡Enhorabuena!, y un saludo.