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5/12/12

LA ÚLTIMA CARGA DE CABALLERÍA


 
 






 
 
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Javier Brenes Sanzorrio
nos cuenta.
 
LA ÚLTIMA CARGA
 
Generalmente los historiadores británicos afirman que la última carga de caballería exitosa en la historia fue en la batalla de Omdurman, en 1898. Pero en realidad la última carga de caballería no ocurrió en Sudán, y no fue hecha por británicos. Ocurrió en la frontera rusa en 1942 y la protagonizó la caballería italiana, el “Regimiento de Caballería Saboia”.
 
Para el comienzo de la SGM todavía había en Italia seis regimientos de caballería, incluído el Savoia. En ese entonces, formaban parte del Ejército italiano tres divisiones "Celere" (móviles), dos por división. Cada regimiento consistía en 872 hombres, 818 caballos, 36 bicicletas, 6 motocicletas y 17 vehículos motorizados. Aunque hubo caballos por toda la frontera rusa - el 90 % del ejército alemán, por ejemplo, usaba caballos para el transporte - pero sólo los caballos del Savoia hicieron una "carga" en una batalla sangrienta.
 
El difunto Andrea Giovene, nacido dentro de una antiquísima familia ducal napolitana, cuya autobiografía, Sansevero, contó la historia, a través de él mismo, de la Italia de la primera mitad del siglo XX, y de la caballería italiana durante los años '20, los mismos años que vieron la estrella ascendente de Mussolini, al punto de que Churchill llamó al dictador "genio".
 
 
En su libro, Giovene escribió: 
En estos regimientos reinaba un espíritu feudal, el único todavía existente en la Italia moderna - encontré que parecían estar embebidos en un puro sentido de nobleza: una absoluta dominación, pero una absoluta dedicación propia, en la presencia de todos, en un momento de riesgo.
Los Coroneles, los oficiales que comandaban los regimientos de caballería, eran tratados como divinidades. Giovene, un noble, se encontró rodeado por los más prestigiosos nombres de la nobleza de Italia, en particular la de Roma. De los 900 jóvenes que cada año se sumaban como cadetes de oficiales tan sólo 30 lo lograban. Al igual que los caballos, ellos "pateaban, mordían, encabritaban, se detenían con rencor delante del obstáculo, rozando los troncos o los muros buscando liberarse de las piernas del jinete". Estos, como los hombres, requieren dominación por todo medio, correcto o no. El objetivo era reducir a 1000 hombres y 1000 caballos a una poderosa y homogénea fuerza de choque, heroica en sí misma a través de la sumisión de todos a uno. 
El Savoia fue enviado a Rusia en el verano de 1941, como parte del Cuerpo Expedicionario italiano, una fuerza de 61000 hombres, completo con oficiales de noble cuna, caballos con mal temperamento y rituales ancestrales. En el verano de 1942 Mussolini incrementó la fuerza italiana en Rusia enviando otros 229000 hombres. Para la primavera de 1943, 90000 habían muerto y 60000 fueron tomados prisioneros (de éstos, 10000 no fueron liberados hasta 1954).
El comandante del Savoia era un ejemplo de la tradición del regimiento: el Conde Alessandro Bettoni había ganado dos medallas de oro olímpicas en equitación y lucía un monóculo. En el verano de 1942 su regimiento, acompañado por un grupo de artillería remolcada con caballos, estaba estacionado justo al sur del Don, a 125 millas al noroeste de Stalingrado, en la altura nro 123. En el anochecer del 23 de Agosto el Savoia envió una patrulla de reconocimiento que encontró una fuerte formación rusa (tropas de infantería provenientes de Siberia) a las afueras de un poblado llamado Isbushenski. Era ya tarde, así que el Coronel Bettoni ordenó al regimiento desmontar y hacer una formación defensiva. El regimiento desensilló para pasar la noche que significaba, entre otras cosas, cenar. Como siempre hacían, los oficiales se sentaron alrededor de mesas plegables, cubiertas por manteles de lino blanco, y les fué servida por ordenanzas la comida, que comieron con el servicio de mesa de plata del regimiento. 
Muy temprano, se envió una patrulla de reconocimiento comandada por el Sargento Ernesto Comolli. A las 3.30 hs la patrulla partía a trote corto. Uno de los que componían la patrulla, el "caporalmaggiore"Aristide Bottini notó, con las primeras luces del alba, algo que destellaba entre los girasoles: era un casco ruso. Le apuntó con el fusil y apenas partió el disparo hacia el soviético cuando se desencadenó una furiosa descarga de respuesta. Se pudo contar unas 60 ametralladoras, más morteros y artillería ligera. Una verdadera y apropiada potencia de fuego para aplastar la posición defensiva del regimiento. Fué claro que durante la noche tres batallones de infantería rusa (provenientes de Siberia, unos 2500 hombres) se habían movido amenazando la posición del Savoia, con el soporte de ametralladoras y artillería. Más la sorpresa duró tan sólo un momento, y regresaron al campamento. La fuerza rusa era muy superior en cantidad y potencia de fuego al Savoia, y se hallaban en una amplia trinchera en forma de "media - luna", del noroeste a noreste. A pesar de esto, el Coronel Bettoni decidió durante el desayuno que el momento del regimiento había llegado. El Savoia haría una carga contra la línea enemiga situada a unos pocos centenares de metros. El terreno plano era ideal para una carga - un campo repleto de girasoles. Aquí en la estepa rusa el Savoia iba a revivir por primera y única vez durante la SGM y por última vez los viejos y bellos tiempos.
 
 
 
El Coronel Bettoni hizo desplegar el estandarte de combate, y ordenó a los cañones contra carro que empezaran a responder el fuego soviético, mientras ordenaba que las ametralladoras abrieran fuego contra la posición enemiga. Después, como era tradición antes de la batalla, el coronel y sus oficiales se pusieron sus guantes blancos, y montaron. El regimiento consistía en cuatro escuadrones de caballería con 150 hombres cada uno y un escuadrón de ametralladoras montadas (llevadas en caballo). La maniobra principal la haría el segundo Escuadrón, al mando del Capitán Francesco Saverio de Leone, que tenía por misión hacer una carga al flanco izquierdo de los soviéticos (en realidad, y de acuerdo con los testimonios, la idea inicial era la de cargar con todo el regimiento, con el estandarte al viento, pero al final aceptó la sugerencia de su ayudante, el Mayor Pietro de Vito Piscicelli di Collesano, de dosificar la fuerza en base al desarrollo de la situación). Los oficiales y los hombres procedieron, como si fuera una parada, fuera de la posición defensiva, desenvainaron los sables y se movieron hacia el enemigo, primero al trote, después al medio galope, y finalmente al galope, al grito de batalla del regimiento, "Savoy!". Ellos no gritaron "Duce!". Su lealtad era para su rey, cabeza de la Casa de Savoy. Más tarde, un capitán que tomó parte rememoró: en los rangos el entusiasmo era incontenible, especialmente cuando en la primera etapa del galope se nos unió el Mayor Manusardi (un veterano) seguido por sus ordenanzas. El Mayor, antes Comandante del Segundo Escuadrón, siempre fiel a esta cualidad como soldado, brincó al sillín de montura para ser parte de ese gran momento con su antigua tropa. El enemigo había formado dos líneas: "Sables . . . En mano . . . Carga!" Este era el grito por tanto tiempo acallado, el grito que habíamos soñado desde la niñez. Ahora lo hacíamos en medio de la batalla, las explosiones, y el bramido de los ametralladoras. El segundo Escuadrón, después de haber efectuado un amplio giro (un movimiento envolvente) cargaron, disparando ráfagas y usando las granadas de mano: tomaron a los soviéticos por sorpresa, fugándose muchos buscando reparo en las trincheras, aunque algunos hicieron una férrea resistencia. Varios caballos y jinetes fueron alcanzados, aun así el Escuadrón retornaba a la carga por detrás.
En aquel momento el Comando del Regimiento enviaba al cuarto Escuadrón "a pie" (desmontado) al mando del Capitán Silvano Abba, en un ataque frontal para aliviar la tarea del segundo Escuadrón. Los rusos, en buena parte, se habían desbandado, sin embargo ahora se quedaban en el terreno y causaban sensibles bajas a la fila de la caballería italiana. Se ordenó entonces la carga del Tercer Escuadrón a caballo, comandado por el Capitán Francesco Marchio (otra fuente menciona al Mayor Litta, como Comandante del Grupo de Escuadrón), por el flanco derecho de los soviéticos. Según los testimonios, el Escuadrón irrumpió en medio del frente ruso, con los clarines a la cabeza, en un galope furioso. Entre medio de los rusos dispararon y repartieron golpes de sable, siendo algunos heridos. Esta carga terminó por desarticular cualquier oposición soviética, aunque al llegar hasta el puesto de comando soviético recibieron un intenso fuego, que les produjo muchas bajas al tercer Escuadrón. El Mayor Litta fue herido, pero continuó luchando hasta que fue herido nueva y mortalmente. Durante el combate todo el "staff" de Litta fue herido o muerto. El Capitán Abba, Capitán del cuarto Escuadrón, también resultó muerto. La carga destruyó dos batallones soviéticos, y dispersó a un tercero. 
El balance completo es:
 
Bajas italianas
32 muertos (entre ellos 3 oficiales) y 52 heridos (entre ellos 5 oficiales), más un centenar de caballos "fuera de combate".
Bajas soviéticas
250 muertos, 300 heridos y 500 hechos prisioneros.
Los italianos capturaron una enorme cantidad de equipamiento (decenas de ametralladoras y morteros, varios centenares de subfusiles y fusiles, y cuatro cañones).
 
La acción, tan valiente como audaz, fue sorpresiva: liberó de la presión de la ofensiva soviética al sur del Don, y permitió el reordenamiento de las posiciones italianas, salvando a millares de soldados de quedar rodeados. La carga en Isbuschenskij tuvo una súbita y vasta repercusión, causando admiración en sus aliados germanos (nunca generosos en reconocer los méritos italianos. "Estuvieron magníficos. Nosotros dejamos de saber cómo hacer estas cosas" le dijo un oficial de alta graduación alemán al Conde Bettoni después de la batalla) e incluso en el enemigo soviético. En Italia despertó un verdadero entusiasmo, con artículos en publicaciones impresas y una amplia cobertura noticiosa en noticiarios cinematográficos.
Se le otorgaron a los integrantes del Regimiento: 54 medallas de plata (la segunda más alta condecoración italiana otorgada por valor), dos medallas de oro (la más alta condecoración), dos Órdenes militares de Savoia, 50 medallas de bronce, 49 cruces de guerra, y diversas promociones.
Durante la SGM el ejército italiano se ganó una reputación de cobardía. Esta no es merecida. Las razones para el fracaso militar italiano no pasaron por la cobardía, sino por el mando incompetente, pobre equipamiento y por no compartir los motivos por lo cual fueron a la guerra. Por supuesto hay muchos actos de valentía de italianos hechos durante la guerra. Estos italianos que tomaron parte en la última carga de caballería victoriosa en la historia, el 24 de agosto de 1942, en aquel campo de girasoles cerca del Don, fueron valientes al punto de la temeridad o, como Giovene escribe, al punto donde ellos estaban embebidos de un puro sentido de nobleza: en un absoluto dominio, pero una absoluta dedicación de uno en la presencia de todos, en un momento de riesgo. 
 
 José V. Ruiz de Eguílaz y Mondría
Coronel de Caballería
 

1 comentario:

Chevi Sr. dijo...

Diego Ruiz Barahona dejó aquí un comentario favorable que me afectaba y lo ha suprimido. Solo quiero darle las gracias.