Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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18/9/11

IN MEMÓRIAM



PRUDENCIO MUR GALINDO

(Zaragoza 1921- †Zaragoza 23 de agosto de 2011)

Tras un largo período de silencio, culpa del último viaje a Italia y del obligado descanso veraniego con la familia, hoy vuelvo y lo hago para recordar a Prudencio Mur, gran persona con la que coincidí durante los dieciséis años que estuve destinado en la Academia General Militar (desde 1971 a 1987), y con quien entablé una gran amistad.
   Me enteré de la triste noticia de su muerte a través de la página de los “Poetas Muertos” (noticias-cortos) del día dos de septiembre, donde Juan Zalbez y nuestro admirado “Chevi” nos lo comunicaban con sendas reseñas, y que José Antonio Chamorro Manzano nos las ampliaba con su preciso cuarto comentario.
   Solo pretendo sacar a la luz pequeñas vivencias que con él tuve. Para algunos puede que sean desconocidas y que creo agrandarán, aún mas si cabe su recuerdo, y pienso que podrán servir de agradecimiento por su total entrega a la Academia durante tantos años al igual que hicieron sus coetáneos: “Sor María” y el cocinero jefe Echandía.
   También en el cine, la película “Cuna de Héroes” (1955), dirigida por John Ford y ambientada en la Academia Militar de West Point  encontramos a un personaje que, siempre que le veo, me recuerda a nuestro amigo Mur, puesto que ambos envejecieron con los cadetes. Me refiero a la vida  de un sencillo irlandés ayudante de cocinero llamado “Marty”, personaje interpretado magníficamente  por Tyrone Power.  


El reloj del torreón. 
   Mur, además de la peluquería, era el responsable del estanco, de la perfumería, de la prensa diaria, y del reloj del torreón (el situado encima del cuerpo de guardia) que ponía en hora y engrasaba periódicamente.
   En vísperas de una visita de SM. el Rey a la Academia, el entonces General Director Pinilla reunió a todo el personal civil y les dio las órdenes oportunas para que ese día nada fallara, ni siquiera el citado reloj, que por aquellas fechas sufría frecuentes paradas.
  “Sr. Mur, hasta el reloj tiene que funcionar mañana “,comentó el General.
Todo salió a la perfección, y por supuesto el reloj no se paró. Al cabo de unos días Mur  me confesó que había puesto a un hombre de su confianza sentado toda la mañana junto a la maquinaria, por si tenía que mover a mano sus saetas.
   El General Pinilla siendo capitán, junto al padre Llanos en la década de los cincuenta, creó el Grupo Forja integrado por Oficiales del Ejército con talante liberal, y que para muchos fue el embrión de la UMD. Fue el primer director demócrata que dirigió la Academia, donde trató de introducir reformas en la enseñanza militar, no siempre bien vistas. En la Academia le sorprendió el 23F. El padre Llanos, antiguo falangista y director de los ejercicios espirituales de Franco, poco a poco fue variando a posiciones de ultraizquierda acabando con el sobrenombre de “el cura rojo”. Peyorativamente les llamaban: “Capitán Llanos” y “Padre Pinilla”, lo que nos da una idea aproximada del carácter, profesionalidad y credenciales de ambos personajes.

Los partidos de frontón. 
   Aunque me sacaba diecisiete años, formábamos pareja para jugar al frontón en la especialidad “paleta-pelota goma”: él de “delantero” y yo de “zaguero”. Era muy habilidoso sobre todo con las carambolas a “dos paredes” entre la “pared larga ó izquierda” y el “frontis”. Como él era socio del zaragozano club Helios, algunas tardes nos acercábamos a las instalaciones que tenían junto al río Ebro para jugar unos partidos. Pero del mismo modo que en la Academia casi no teníamos rival, allí la cosa estaba más difícil.
 
El libro de contabilidad de la peluquería. 
   En aquellos años a los profesores, además de nuestra clases y las prácticas de instrucción correspondientes, se nos asignaban cargos administrativos diversos. El que esto escribe, entre otras cosas, fue Capitán Administrador de la Quinta Compañía, y dos años el responsable de la peluquería. Para mí este último cargo era como una especie de premio, pues como os podéis imaginar los que me conocéis, nunca tuve el menor problema con este tipo de “embolados”. Cuando al final de cada mes le llevaba al Mayor el libro con la liquidación de la peluquería para que con su firma diera el visto bueno al mismo, todo eran felicitaciones y palabras de admiración al ver la exactitud de la contabilidad y la letra redondilla” con la que el citado libro estaba redactado, que por supuesto era obra exclusiva de Mur.
 
La “Carpeta” del Jefe de Servicio. 
   De Comandante, cuando nos tocaba “Jefe de Servicio”, dormíamos en la Academia. La habitación estaba en el pasillo de la enfermería junto a las que fueron las habitaciones de nuestro Rey cuando era Príncipe de España.
Diariamente, el bueno de Mur al cerrar la peluquería, recogía “su” carpeta de “Jefe de Servicio” y nos la dejaba encima de la mesilla de noche. A la mañana siguiente la recogía y celosamente la guardaba en su despacho.
La carpeta que diariamente nos dejaba y a la mañana siguiente recogía, contenía toda clase de revistas, más o menos censuradas, que nos alegraban las horas que en ese inhóspito cuarto pasábamos.
Batalla de Los Castillejos
General Prim (Al fondo el cabo Mur con la bandera recuperada)
F. Sanz, Museo de Montjuic.

La gesta del “Cabo Mur”. 
   Por aquel entonces la peluquería tenía ocho sillones, cuatro frente a la puerta abatible de la entrada y otros cuatro laterales dos a cada lado. El de Mur era, de los situados frente a la entrada, el de la izquierda. Junto a su espejo tenía colgado un cuadro con la gesta del cabo Mur, perteneciente al Regimiento de Húsares de la Princesa 19º de Caballería, y según él su pariente lejano.
A la menor insinuación, el bueno de Prudencio contaba que...
   “El 1 de enero de 1860 el General Prim mandó cargar a los húsares contra la Caballería mora, llegando hasta el fondo del Valle de los Castillejos situado a cuatro kilómetros de Ceuta. En esta carga es cuando el cabo Pedro Mur toma valientemente una bandera de España que había caído en manos enemigas, para posteriormente, entregársela al General.”(Actualmente esa bandera se conserva en el Museo del Ejército).
   Cuando me sentaba en su sillón para hacerme las crines, que por aquellos años eran tupidas, siempre le decía:
    ¿Como esta el Cabo Mur, mi General?
    Jefe, los de Caballería estamos bien  me contestaba.
   Según nos contó mi admirado Jesús Martínez de Merlo en su magnífico artículo (como todos los que escribe) “Los Húsares en España” del 23 de junio, el Regimiento Húsares de la Princesa, desde su creación en 1833 hasta su desaparición en 1931, tuvo una vida agitada sufriendo disoluciones temporales y varios cambios de nombre debido según él “a las desventuras orgánicas”.

Gracias. 
   Por las escrupulosas liquidaciones que me presentabas con letra redondilla.
   Por los maravillosos partidos de frontón.
   Por la carpeta de “Jefe de Servicio” que nunca me faltó.
   Por no haberse parado el reloj.
   Por sentirte orgulloso del cabo Mur, tú que para los cadetes eras el General Mur.
  Por acompañarnos vestido con tu uniforme gris a Mª Cristina (campo de maniobras de San Gregorio, Zaragoza), Rioseta (Candanchú), Ezcaray (La Rioja), Batiellas (Jaca).... 
   Y sobre todo, GRACIAS por tu amistad. Tu memoria permanecerá imborrable entre todos los que tuvimos la fortuna de conocerte y tratarte.

   Descansa en Paz.  

Ángel Cerdido Peñalver
Zaragoza septiembre 2011





4 comentarios:

Chevi Sr. dijo...

Son tantas cosas las que forman el "Espíritu de la General"..., (eso que tanto nos une y tanto molesta en determinados mentideros), el señor Mur una de ellas, sin duda. No me preguntéis por qué, simplemente es así.
En el clavo como siempre mi coronel.

Gonzalo Rodriguez-Colubi Balmaseda dijo...

Mi Coronel, como siempre magnífica tu entrada recordando a nuestro querido "General Mur".
En los prolegómenos hablas también del General Pinilla, al que afortunadamente no tuve de Director de la AGM. Para el que no lo hubiera conocido, fue el que implantó, quizás en 1979, la máxima gilipollez conocida hasta entonces en la Academia Militar mas prestigiosa del mundo: el autoarresto.
Esta manifiesta insensatez, no sólo restaba autoridad a los protos, con su consiguiente cabreo, si no que fomentaba el anticompañerismo.
Afortunadamente esta idiotez "aperturista", duró bien poco.

Chevi Sr. dijo...

Bueno, Pepito Huelin, en un alarde de sensatez, lo sigue practicando.

Eduardo Acuña Quirós dijo...

UN BUEN ARTICULO EL DEL CORONEL CERDIDO. MUCHOS RECUERDOS PARA TAN MAGNIFICO PROFESOR Y JINETE.