Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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18/11/10

Herraje, herradores y herraduras.







   Herraje, herradores y herraduras.

  Tradición de tradiciones, pues el herraje tiene mucho de mito y de leyenda al estar  forjado al amor de la lumbre.  Los herradores, que en un determinado momento estuvieron muy cerca de los alquimistas, aparecían a veces como hombres no solo llenos de poder, sino también, como especie de titanes o dioses. Siempre fueron considerados hombres honorables y muy buscados, en la Edad Media no estaban asimilados con los siervos, sino que eran hombres libres. Por sus imprescindibles servicios, cobraron hasta mediados del siglo XX, el llamado “salario”  que correspondía a una fanega (1*)  de trigo al año por “caballería mayor”. (2*)

Al desaparecer el ganado del campo, las fraguas se fueron convirtiendo en talleres de coches, en cuyos mecanismos los herradores tuvieron que ser autodidactas, pero lo cierto es, que muchos terminaron pronto por ser consumados maestros y , sobre todo, por una razón: habían hecho cuestión de honor, como siempre hicieron, el que algo accidentado saliera de allí andando.

 ¡“Y es que el colmo de todo herrador siempre fue tener que agarrarse a un clavo ardiendo”!
                                                                                   .
Su patrón es San Eligio (588- 660) , en España conocido como San Eloy. Le tienen especial devoción en Francia y , en particular, en la Camargue. Allí, en pleno delta del Ródano, es donde goza el presidente de la República Francesa, y es que Nicolás Sarkozy cuando se encarama en su tordo “camargue”, se convierte en un auténtico “guardian” (3*) y se olvida de todos los problemas del Elíseo.
No sé por qué, los herradores de algunos pueblos solían estar íntimamente relacionados con el diablo; en realidad, creían en él y en Dios a partes iguales. Para compensar todo esto, también se cuenta que a la fragua de un herrador de Tierra Santa llegó nada menos que la Sagrada Familia, a lomos de una mula o burra, huyendo de la persecución ordenada por Herodes. Para despistar a las tropas del Gobernador de Judea, el buen herrador coloco a la acémila las herraduras al revés, los “callos” hacia delante y las “lumbres” hacia atrás, con lo que dejaban una huella contraria a la dirección que en realidad llevaban, logrando así despistar a los que les perseguían.
Es seguro que este buen herrador no conociera la herradura tradicional ni los clavos, entre otras cosas por que no existían, pero sí las “soleas” o “hipo sandalias” romanas que se ataban al casco por medio de correas, y en ellas, para darle una mejor salida al casco, es probable que ya redondease la “pinza” de la “bóveda”, aunque no lo llamara “roling”.
... y es que como dijo el historiador Salustio :

- “estas cosas no sucedieron nunca, pero existen siempre”

Cuchilla, martillo martillejo, herraduras, clavos, tenazas: de extracción ,  boca de caimán, y de corte; botador, legra, punzón piramidal o estampa, puntero, pujavante, gubia, escofina...

A partir del momento en que se metió un clavo en la “tapa”, “pared”o “muralla” del casco, y un poco mas tarde cuando esto se perfeccionó, el herrador fue muy buscado, y como hemos dicho, considerado hombre libre. Hasta los reyes dependían en cierta medida de sus trabajos, y sino, veamos lo que nos cuenta Shakespeare en el último episodio de su obra “Ricardo III” basada en la Guerra de los Treinta Años o de las Dos Rosas, la roja de Láncaster y la blanca de York: El monarca no esperó a que el herrador introdujera los últimos clavos en una de las herraduras de su caballo, los de las “cuartas partes” (4*), y de esa guisa, con la herradura en “solfa”, se puso al frente en la batalla de “Boswort” . En el fragor del combate, por falta de esos clavos, el caballo quedó descalzo cayó al suelo y despavorido se fue de “caña”. William Shakespeare inmortalizó la escena haciendo gritar al Rey pie a tierra:
                                                                                                                                                                   .
-“Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!”

Un proverbio español dice desde entonces:

“Por falta de un clavo se perdió una herradura; por falta de una herradura, un caballo; por un caballo, una batalla, y por una batalla, un reino”.

Las fraguas eran lugar cálido donde se hilaban conversaciones pausadas sobre asuntos del cielo y de la tierra, del pueblo, de la capital y del mundo entero si se terciaba, acompañadas, eso sí, por un buen bocado y mejor vino. Y si no, que se lo pregunten a Gioacchino Antonio Rossini , “El Cisne de Pésaro” como le llamaban sus amigos (5*). El autor de “El barbero de Sevilla” trabajó unos años como aprendiz de herrador a orillas del Adriático en su Pésaro natal, la capital del Urbino, y como buen aprendiz, su primer menester diario consistía, aprovechando los rescoldos del día anterior, en sangrar la fragua con el “espetón” y preparar el almuerzo a su maestro. Adquirió tal destreza en estos menesteres que, ya consagrado como músico genial, no perdía la oportunidad de lucirse ante sus amigos preparando a su punto, grandes chuletones de buey.


...el sonido de una bigornia es como un tintineo lleno de encanto producido por el mas bello de los trabajos técnicos.

También hay quien dice que en la herradura convergen poderes mágicos y por ello ha sido objeto de superstición en todas las épocas. En 1805, cuando el Vicealmirante lord Horatio Nelson (1758-1805) se enfrentó en Trafalgar a la flota combinada franco-española, el supersticioso y mayor héroe naval de Gran Bretaña, clavó una herradura con la “bóveda” hacia el suelo, en el palo mayor de su buque insignia, el navío de línea de primera clase el HMS “Victory”, pero no le trajo mucha suerte al perro inglés pues ahí murió a tiro de mosquete (6*). Su cuerpo conservado en un barril de coñac, fue llevado a Gibraltar y posteriormente enterrado en la catedral de St. Pablo de Londres. Actualmente el barco se encuentra fondeado en Portsmouth habilitado como museo viviente de la Armada georgiana.

Aún no tratándose de un herrador sino de un herrero, la búsqueda de la pieza bella en hierro, fue el permanente afán del bilbilitano Pablo Remacha (1903-1951). Para conmemorar el centenario del gran artista aragonés, se editó el libro: “Cantaba su martillo sobre el yunque con alegre esperanza”. Para todos los poetas del club, y me consta que los hay muy buenos, de ese libro transcribo un poema de forja:

“Al empezar la obra”

Perdona si te hiero
con vana obra hermano hierro
Y tú, fragua: une tu calor
al fuego que por la obra siente mi
corazón.
Y tú martillo:
acompaña al corazón en su latido
con jocunda canción de amor.
Y tú yunque:
como siempre, aguanta con tesón
el empuje de mis martillos
en su afán de creación...
¡Que tu regazo soporte otra vez la
idea¡
¡Que surja hoy mas espontánea
más bella¡

Que lejos queda cuando en 1558 los procuradores de las Cortes de Valladolid, entendieron que una de las industrias más descuidadas, con ser de gran utilidad, era el herraje de las bestias, decían...“que no tiene otra moderación ni otra tasa sino la voluntad de los herradores”, y pidieron... “se pusiese coto al abuso de gastar mala labor y muy falsa, y se redujera el precio que llevaban los “albéitares” (7*) por la cura de los animales enfermos, siendo las cosas que han menester comunes y poco su trabajo”.

Con la adecuada preparación se ha salvado la diferencia que había, cuando el veterinario, al recetar una herradura o indicar la corrección de un defecto, no encontraba eco en el herrador por falta de conocimientos de este, es decir, cuando tropezaba con un artesano que solo “hacía lo que sabía”, pero “no sabía lo que hacía”. Con esa gran base científica, hoy tenemos profesionales cada vez con mas criterio, que elevan a “arte” todos los aspectos de este oficio.

... Hace pocos días, en un pueblo del Bajo Aragón pude ver una de las últimas fraguas que quedan por estas tierras, pero ahora sus propietarios se dedican al diseño industrial de muebles y objetos de decoración en hierro.
Soplaba con fuerza el viento procedente del Moncayo, hacía frío y pasamos al interior de la casa. Olía a “mondongo” (8*), y es que, aprovechando las heladas, hace unos días hicieron “matacía”. El hogar de la cocina estaba encendido, nos sentamos en la “cadiera” (9*); alguien trajo café, pero mi pensamiento seguía con vosotros queridos y admirados herradores, por eso, de vuelta a casa escribo estas notas. ¡Que le vamos a hacer!

...Así eran y son estos hombres; no sé si oficio alguno pueda ser tan hermoso, y llevar tanta retranca dentro. No creo que lo haya.

*.-NOTAS.
1.- La fanega era una medida de capacidad para áridos equivalente a 55´5 litros.
2.- Mula o caballo.
3.-Torero / vaquero que arrea a los toros de esa comarca también llamados “camargue”.
4.- Como dice el maravilloso reglamento de “Equitación Militar” el R-O-4-35: “Para sujetar la herradura, se clavan primero los clavos de las lumbres; después, los de los talones, y los restantes, en cualquier orden”.
5.- Rossini (1792-1868), fue el creador de la ópera bufa italiana, ópera cómica.
6.- Para los supersticiosos, las herraduras deben estar colocadas de esta forma, porque no basta con alejar el mal, además hay que atraer la buena suerte, y si esta desciende del cielo, es preciso que pueda pasar entre sus callos.
7.- Esta si que es fácil: veterinario.
8.- Despojos comestibles usados para hacer embutidos tras la matanza o matacía. La elaboración del “mondongo”, ayuda a unir los lazos familiares y de amistad.
9.- Bancos situados normalmente a los lados del hogar en las cocinas aragonesas.

Ángel Cerdido Peñalver
Coronel de Caballería


3 comentarios:

Santi Z dijo...

No hay mejor manera de empezar el fin de semana. Magnífico artículo con el recuerdo de viejas y bellísimas palabras que nuestra falta de respeto por la verdadera cultura ha ido arrinconando en el desván de la memoria. Sería lamentable que dejáramos que se perdieran. Gracias, mi Coronel, por el refresco.

Gonzalo R-Colubi dijo...

Noble y prestigioso oficio ese de herrador. Y exacto nombre para definir a tan importante profesión.
Me pregunto a quien coño se le ocurriría, en la Milicia, cambiar tal título por el de VAV. Que creo recordar, aunque nunca le presté demasiada atención, significaba Rama de Veterinaria, Auxiliar de Veterinaria. Ostentoso, sí. Cursi, más.
En mis tiempos ecijanos tuve la oportunidad de hablar de ésto con excelentes herradores militares, ya encasillados en las siglas VAV,por cierto en el mismo saco que otras especialidades militares ecuestres. Coincidían plenamente.
A quien no se me ocurrió preguntar en su día por tal cuestión, fue al gran Domitilo.Temí que me lanzara el yunque contra mis mismísimos...

Chevi Sr. dijo...

En el fragor del combate, por falta de esos clavos, el caballo quedó descalzo cayó al suelo y despavorido...
"Tambien mueren caballos en combate,
y lo hacen lentamente, pues reciben
flechazos imprecisos. Se desangran
con un noble y callado sufrimiento.
De sus ojos inmóviles se adueña
una distante y superior mirada,
y sus oidos sufren la agonía
furiosa y desmedida de los hombres."