Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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2/3/10

SOS A SAN ANTÓN








“ Un SOS al Santo”


El 17 de enero fue el día del santo, por eso aprovechamos y, en nombre de todos los animales, hoy somos los asnos, mulos y caballos, los que le lanzamos este SOS. Desde tiempos muy remotos, vosotros los hombres, casi siempre, os comportasteis con nosotros como el peor de los depredadores, y solamente hasta que llegó a este mundo el monje cristiano San Antonio Abad popularmente conocido como San Antón, ( Heracléopolis Magna Egipto 251 - Monte Calzim 356), no conocimos a nadie que nos acogiera como lo hizo éste centenario anacoreta que se convirtió en nuestro protector.
Y es que ninguna bondad había, sino maldad, en aquellas costumbres populares de algunos pueblos perdidos entre los trigales de la Castilla mas ancha, cuando cada 17 de enero colgaban de una cuerda por las patas a unos gallos a modo de piñata, para mas tarde pasar los mozos por debajo a galope de sus caballos, y descabezar de un brutal tirón al animal. O unos días mas tarde, el 25 de enero (festividad de San Vicente) en Manganeses de la Polvorosa (Zamora), cuando los mozos que entraban en quintas arrojaban una cabra viva desde lo alto del campanario de la torre de la iglesia. A estas costumbres, ellos las llamaban “cultura” o “señas de identidad” de sus pueblos.
No todo lo hacían así en Castilla, pues la víspera, la noche del 16, en muchos de sus pueblos encendían grandes hogueras para recordar el “Fuego de San Antón” , que es como se conocía a la enfermedad del cornezuelo, (hongo parásito del centeno), que en ocasiones el santo curaba milagrosamente. Y a su alrededor los castellanos bailaban, comían y charlaban amigablemente.
También abundaban en este día de San Antón las felicitaciones entre ellos, como si del día de su santo se tratase, que era lo mismo que llamarse unos a otros burros. Pero en realidad, la equiparación del asno con la ignorancia y “la burrez”, era algo gratuito.



Los asnos, también llamados borricos, pollinos o jumentos, siempre servimos al hombre con laboriosidad, paciencia y humildad, y para colmo, nunca tuvimos maldad. ¿Por qué fuimos entonces, desde siempre y de forma inmerecida, el blanco de sus burlas ? Se explica con dificultad, ya que por lo menos somos tan inteligentes como el caballo, si no más. Y esto, dicho por sus zoólogos, que dicen ser los que más nos conocen.
Los asnos somos además, extraordinariamente sobrios, discretos, pacientes, infatigables, rústicos, valientes, y por si fuera poco, los más extendidos y humildes de entre los primos del caballos y tan siquiera necesitamos lavarnos, el refranero italiano nos lo recuerda: “A lava la testa all´asino de sprenga tempo e sapone”, que en Román Paladino- como cada hombre habla a su vecino- mas o menos viene a deciros que: “Lavando la cabeza a un burro, se desperdicia tiempo y jabón”.
Somos el animal bueno y familiar que dio calor a la cuna de Cristo, y como les adelantó su profeta Zacarías “montado en un pollino de asna”, le servimos de montura para entrar en Jerusalén, escena que Giotto di Bondone les dejó en su “Entrada triunfal de Jesucristo en Jerusalén”.
Cuando “Herodes el Grande”, Gobernador de Judea, intentó asesinar a Jesús ordenando la matanza de todos los niños varones de Belén, la Sagrada Familia huye, y apenas se hunden en la oscuridad las casas de Belén y se encienden las primeras luces, la Madre sale a escondidas como una furtiva, se dirige hacía occidente, atraviesa la antigua tierra de Canaán, y llega en varias jornadas a lomos de un asno a las orillas del Nilo. Es la huida a Egipto de la Biblia, y que Fra Angélico en 1450 plasmó en “El viaje a Egipto”.
Para nosotros que conocemos a todos, es un compromiso citar asnos ilustres. Hoy recordamos solo a unos pocos ligados a vuestros escritos y novelas.



En una de las muchas fábulas bíblicas, a Balaam su asna le salvó la vida al desviarse del camino por tres veces, como le indicaba el ángel de Yahvé con espada en mano ¿Por qué le pegaste tres veces a tu burra?- le dijo el ángel- yo vine para impedirte el paso, pues ese viaje no me gustaba. Tu no me vistes, pero la burra sí, y trató de esquivarme las tres veces. De no haberlo hecho, te habrían dado muerte. En otra ocasión, aparecemos en la picaresca de “El asno de oro” del africano Lucio Apuleyo, donde el protagonista, bajo las largas orejas y la piel del asno más inquieto e impertinente que ha recorrido los senderos de Tesalia , es testigo de todos los dolores del corazón humano, sufriendo en sus carnes el efecto de todas las injusticias. Pero que al final del camino ,y con la ayuda de Isis, recobra su condición humana y dedica su vida a los misterios y al culto de la citada diosa y al de su hermano Osiris. Recordamos también a la asnilla del cura don Abundio, que aparece en “Los novios”, novela del poeta y escritor romántico milanés Alessandro Manzoni. El último famoso puede que sea el asno parlante de la película “Shrek”.
Aunque los hombres escribieron su historia a nuestra costa, la mayoría de las veces sin recibir su agradecimiento, hoy se lo recordamos por medio de estos relatos ligados a sus grandes artistas, quienes en todos los casos de una forma o de otra, nos eligieron para alcanzar sus fines.
En su mundo literario, Cervantes, al caballo de “Don Quijote” le vino a llamar“Rocinante”, nombre a su parecer alto , sereno y que delata lo que había sido cuando fue rocín, que significa caballo de mala traza, basto y de poca alzada. Y al asno de Sancho Panza, aún sin darle nombre, le hizo atender al de “rucio” . A los dos los describió con mucho “ingenio”.
De igual forma lo hizo el poeta y novelista inglés Joseph Rudyard Kipling en su obra publicada en 1894 “El libro de la jungla”, donde el autor hace mantener a uno de los nuestros una conversación divertida con otros animales:“Nos enseñan en la escuela de jinetes a echarnos al suelo y así ellos poder disparar por encima de nosotros, y esto me produce un cosquilleo enorme en el “paso de cincha” y me resulta incómodo, pues con la cabeza en el suelo no veo casi nada”…



Y que decir de “Platero”, el protagonista de “Platero y yo”, novela escrita en 1914 por Juan Ramón Jiménez :“Platero es pequeño peludo, suave; tan blando por fuera, que se diría todo de algodón, que no lleva huesos. Sólo los espejos de azabache de sus ojos son duros cual dos escarabajos de cristal negro”.
En las artes plásticas estamos en muchas de sus obras desde el período negro de un malagueño, bien en algunas escenas de su Tauromaquia, o no tan bien, herido de muerte en el “Guernica”, que el tal Pablo Ruiz Picasso pintó en 1937. En ese polémico cuadro, el autor no dudó poner en su centro la cabeza de una yegua agonizante, retorcida sobre si misma con la boca abierta y con su lengua-lanza mostrando su excitación ante los acontecimientos y que siempre nos parecieron el símbolo máximo del dolor.
Pero también nos vieron enganchados por el paseo de los ingleses de la bella Niza, o compitiendo en los hipódromos franceses por medio del pincel de Raoul Dufy: “En las carreras” de 1930, o “Carreras de caballos en Deauville” de 1931.
A otro de sus grandes pintores, Henry de Toulouse-Lautrec , en 1888 le recogen, una vez más, por las calles del barrio de Montmartre con sífilis y alcoholizado, y tratan de internarlo en un sanatorio mental. Allí, para demostrar que no estaba loco, realiza una colección de pinturas sobre el circo. A destacar “Amazona en el circo Fernando”, bellísimo cuadro y magistral lección de como dar cuerda con tralla a un caballo sacándole un cadenciado galope, y así facilitar a la amazona el hacer acrobacias sobre la grupa del tordo. Sin pretenderlo, Toulouse-Lautrec acababa de enseñaros, a todo color “el volteo”, disciplina hípica que requiere de la agilidad de un gimnasta, de la resistencia de un corredor, de la gracia de un bailarín, y fundamentalmente, de un gran protagonista: el leal caballo. Esto de leal no lo decimos nosotros, sino alguno de vosotros , que decís ser estudiosos de nuestras razas , y que a la vez que consideráis al perro como el más fiel de todos, también os ponéis de acuerdo al afirmar que es el caballo es el más leal, y esta lealtad que tenemos, aseguráis que se la trasmitimos a los que nos montan.


Pero a nosotros, en el mundo de la pintura lo que siempre nos impresionó, fue la obra del parisino Jean Louis David, pintor que murió en el destierro por tomar parte activa en la revolución francesa , pero que en 1801 dejó a su “Napoleón en el Paso de San Bernardo”, cruzando el monte Gran San Bernardo de los Alpes por el paso de Brennero, montando al tordo “Marengo”, semental pura raza árabe importado de Egipto y que junto a “Visir” formó la pareja de caballos favorita del emperador. Marengo, con ocho heridas de guerra en su cuerpo, murió a la increíble edad de 38 años y su osamenta se encuentra en el National Army Museum en Sandhurst de la Royal Military Academy, al sur de Inglaterra . Para compensar tanta belleza, su paisano Paul Delaroche inmortalizó al emperador en 1850 en “Bonaparte cruzando los Alpes”, pasando la cordillera citada sobre una mula, animal poco agraciado en su belleza, pero que en su defensa decimos que difícilmente desatendemos la voz familiar y raramente, por el contrario, nos encontramos sumisos ante personal extraño.
Con el cine, la más moderna de vuestras artes, disfrutasteis mucho viendo en las pantallas los ataques de “sioux”, “comanches”, “apaches” o “cheyenes” montándonos a pelo , pero tan buenos jinetes como los “cow-boys” o los soldados de los escuadrones de Caballería. Gracias a nosotros pudisteis ver a Errol Flin en la piel del mayor Vickers, al frente de la carga final en “La carga de la Brigada Ligera”, o interpretando de forma idealizada y romántica al famoso general Caster en “Murieron con las botas puestas”. ¿No será Custer? Bueno sí.
Lo que si es seguro es que un tal John Wayne era el que mejor se defendía ante las cámaras encaramado a uno de los nuestros, un “quarter-horse” ( el caballo cuarto de milla americano), descendiente de los que llevó Colón y los conquistadores españoles a lo largo del siglo XVI en sus viajes a América, y que en los rodeos actuales son los encargados de revivir las situaciones y la atmósfera de lo que ellos llaman el viejo Oeste. Desde ese Nuevo Mundo, pero mas al sur, también se nos unen a este SOS los descendientes de los caballos españoles importados a Río de la Plata por Pedro de Mendoza - caballero de Alcántara y Santiago y fundador de la ciudad de Buenos Aires - y todos sus hijos: conocidos hoy como: “galiceño” en México, “llanero” en Venezuela, “paso-saltero” en Perú, “paso-fino” en El Caribe y Puerto Rico, o los “criollos” en Chile y que gracias a su gran resistencia, poca alzada y capas discretas, lograron sobrevivir a los depredadores de las Pampas de América del Sur.
Pero al llegar aquí, y para no alargarnos demasiado, nos vemos precisados a cortar esta hebra, pasando a recordar otros tiempos.
A todos nosotros:“asnos” (zamorano-leonés, andaluz, catalán o mallorquín), “caballos”, “mulos” (cruce de asno y yegua) y “burdéganos” ( cruce de caballo y asna), acompañados de múltiples animales domésticos , nos conducían años atrás en este día de San Antón, a iglesias y ermitas para ser bendecidos, y en algunas... ¡ Hasta nos obsequiaban con rosquillas del santo!


Últimamente habéis traspasado la costumbre de repartir las bendiciones colectivas que nos impartíais en ese día, al diez de julio, día de San Cristóbal, patrón antaño de los arrieros, luego de los camioneros y hoy de todos los conductores ; pero odiosa comparación, pues por potentes que sean las bocinas de vuestros coches, nada parecido con nuestros rebuznos o relinchos. El mejor faro halógeno del mercado jamás brillará, dentro de vuestras almas, como nuestras tiernas miradas, ya sean de asno, mulo o caballo, y por mucho que vuestra técnica se perfeccione, es decir, por perfecto que hagáis al carburador, nunca tendrá la nobleza de nuestro corazón.
Quizás los hombres lleguéis algún día a no tener maldad y estéis armados de paciencia como nosotros, y aunque esperamos que la crisis que hoy existe con nuestras razas sea pasajera, solo producto de la técnica maquinista de los últimos años, sabemos de nuestra terquedad, y podéis estar seguros que nos reservaremos siempre alguna baza final para burlarnos de ella.
Vuestro gran dramaturgo Shakespeare, inmortalizó en su obra Ricardo III una famosa escena, haciendo gritar al Rey pie a tierra en la batalla de Bosworth de la guerra de las Dos Rosas( la roja de Láncaster y la blanca de York) : “¡Un caballo! ¡Un caballo! ¡Mi reino por un caballo!.
En la leyenda y en la historia, en la fama y en el deshonor, la verdad es que los hombres siempre habéis dependido de la montura, el arnés, la fusta y el estribo. Nosotros los caballos, os supimos inspirar sueños y leyendas en la imaginación de todas vuestras culturas (Pegaso o los centauros), y también siempre fuimos fieles compañeros de algunos de vuestros héroes (Rocinante o Babieca).
Hoy os mandamos este manifiesto y sin rencor, os decimos lo que uno de vuestros mas ilustres humoristas aconsejaba. Era el mayor de varios hermanos, si, el del puro pegado al bigote:

Disculpen si les llamo caballeros, pero es que no les conozco muy bien”.
¡ San Antón nos proteja !



Angel Cerdido Peñalver
Zaragoza enero 2010.

5 comentarios:

M.Cristina Alba BENAYAS dijo...

Precioso escrito.
Triste por un lado y jocoso por otro.
Lo que sí denota es tu gran amor al caballo.
Me ha encantado leerlo.

Chevi Sr. dijo...

M. Cristina gracias por acompañarnos.

José F. Ayuso Pérez dijo...

Chevi, gracias por guiarme hasta este excelente artículo. Narrativa ágil y dinámica, bien documentado y magníficamente ilustrado. Entre estas fotografías, he podido reconocer a un familiar mío (Domingo) quien, diariamente y a lomo de sus caballerías, fue a sus viñas hasta bien cumplidos los noventa años.
Si tienes ocasión, trasmite mis felicitaciones a tu amigo Ángel.

Un saludo y hasta la vista

Cristina dijo...

Enhorabuena Ángel por este maravilloso artículo.

Ángel Cerdido Peñalver dijo...

Muchas gracias a todos por la buena acogida al SOS, aunque de sobre sé que mas que a los méritos, son producto de nuestra amistad.Un fuerte abrazo a todos