Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.




Aquí ponemos entradas de CABALLOS - CABALLERÍA o algo de interés excepcional para los POETAS.

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28/2/10

A VUELTAS CON CAPRILLI (I)

Alguno pensará que ya está bien del ilustre D. Federico pero voy a dar una vuelta de tuerca más a esta historia. Sencillamente porque creo que fue el origen de la transformación del noble arte de la equitación, entendido hasta entonces como una práctica necesaria para su uso en la guerra o en la caza, hasta convertirlo en un deporte espectáculo tal y como se concibe actualmente.
Por situarnos cronológicamente corría el año 1902 en una España convaleciente desde el desastre del 98 en que perdimos sucesivamente Cuba, Puerto Rico y Filipinas. Ese mismo año era coronado con tan solo 16 años el Rey Alfonso XIII el día 17 de mayo.
En ese entorno el italiano Duque de Aosta, Manuel Filiberto, hijo del que fuera Rey de España Amadeo de Saboya tras la fuga de Isabel II y la proclamación en 1869 de la Constitución que establecía como forma de gobierno la Monarquía Constitucional, cursó invitación a las Jefaturas del Arma de Caballería de diversas naciones europeas, para que acudieran a un encuentro en la ciudad piamontesa de Turín con el objetivo de establecer una competición entre jinetes militares que permitiera establecer el camino que debiera seguir la práctica de la equitación en el futuro. Aceptaron esta invitación, Italia como país organizador, Alemania, Austria, Francia y Rusia. España rechazó la invitación (lo cual si bien se entiende dada la situación que en esos tiempos se vivía en nuestra Patria, nos perjudicó considerablemente ya que según creo dejó fuera a Zeus, compañero mío de promoción, que como no podía ser de otra manera, estaba preseleccionado). No fuimos y nos perdimos un gran espectáculo, pues fue en este encuentro donde el Capitán Caprilli montando a su caballo “Melopo” salvó un obstáculo de 2,08m de altura y mostró las bases de la equitación moderna sin las que difícilmente se podrían abordar obstáculos de altura superior al 1,20m (a pesar de que algunos, en nuestra pertinacia, nos empeñemos en demostrar lo contrario).
No obstante, en España aún se tardó mucho en reconocer la bondad del nuevo método como recogen las anteriores entradas que en este blog hemos dedicado a Caprilli (artículo del Cte. Fermoso en la Revista de Caballería en 1913), tampoco nuestros vecinos franceses lo acogieron con entusiasmo, aunque ya se había publicado la obra “Dressage â la longe du cheval sur l’obstacle” del Conde Raoul de Gontaut en el que se preconizaba la necesidad de “no molestar al caballo durante el salto” empleando para ello una técnica de adaptación intermedia que denominaban algo así como riendas extensibles (la mejor ayuda para entender dicha técnica es el video corto que Chevi Jr. colgó sobre su padre hace pocas semanas y que aún podéis ver en el blog, es perfecto, lo que no sabía el Junior es que su padre no hacía otra cosa que seguir al pie de la letra los dictados del Conde de Gontaut, esta juventud…).
Para ilustrar la situación introduzco algunos extractos de artículos del Conde de Cominges, Capitán de Caballería D. Eduardo Suarez, publicados en la Revista de Caballería durante el año 1904, dos años después del acontecimiento de Turín:
Todos estamos convencidos de que en equitación tenemos que aprender bastante de nuestros vecinos los franceses, pero este convencimiento no ha de llevarnos hasta el extremo de alucinarnos con los triunfos por ellos conseguidos y tomar como artículo de fe e imitar la manera de saltar de sus caballos y esas posiciones tan contrarias a lo que la mayoría hemos aprendido. Voy a probar que esas posiciones atrevidas no son en manera alguna la causa del triunfo y pueden ser contraproducentes.
Como ya habréis adivinado nuestros antepasados no estaban dispuestos a recibir con los brazos abiertos las nuevas técnicas. En otro párrafo manifiesta:
Desde hace algunos años, parece que otros métodos tienden a sustituir al antiguo. Vamos a ver como estos métodos advenedizos no son ni racionales ni elegantes.
Tres son los métodos que para saltar un caballo montado, parecen estar actualmente en pugna:
- El antiguo de Saumur, que podemos llamar de jinetes fijos y riendas extensibles (el de Chevi en el vídeo).
- El más reciente que reemplaza la extensión de las riendas por la de los brazos. Tiene un gran defecto: es una navaja de afeitar entre las manos de un mono. (así en el original)
- Inclinación del cuerpo sobre el tercio anterior
Con el primero de los métodos en nuestros Regimientos hasta los soldados bisoños han notado sus buenos resultados, no saliendo ya despedidos de la montura, cosa que ocurre infaliblemente con las riendas inextensibles.
El segundo método no permitirá nunca a un torpe perfeccionarse en el salto, la extensión de los brazos provoca un busto demasiado inclinado hacia adelante y el trasero en el aire; saludará al recibirse y molestará a su caballo.
El tercer método emplea la excusa de que sirve para aligerar el tercio posterior en el momento de la extensión. Ahora bien, el pliegue de los corvejones al introducirse bajo la masa no es tan considerable como pudiera creerse. El ángulo de los corvejones es poco sensible. Además el jinete para ser casi lógico debería, durante el salto, cambiar su posición al menos cuatro veces.
Y nuestro antepasado finaliza:
El salto sería seguramente menos penoso, si el jinete, conformándose con las leyes de la mecánica, tratase de mantener el peso de su cuerpo en el eje que pasa por el centro de gravedad propio del caballo en movimiento. Creo pues, poco fértil en resultados dinámicos, la nueva moda de levantar el trasero y de echarse sobre el cuello.
Esto de levantar el trasero no era bien aceptado… que tiempos. Otra corriente rechazaba esta nueva equitación por considerarla inútil y contraproducente para la preparación de un caballo de guerra, así en otra revista de la época y tras participar en el Concurso Hípico Internacional de Barcelona en junio de 1902 con una gran representación francesa entre la que destacaba la del mejor jinete del momento Mr. Fleurí Lecler, el Teniente de Lusitania Avertano González después de reconocer que el citado Lecler había ganado todas las pruebas del concurso menos una en la que empató en la primera posición con el Oficial de Húsares de la Princesa D. Luis Sarrais, se despacha a gusto contra las técnicas novedosas y la introducción del barreo:
Los jinetes franceses me han parecido excelentes y Mr. Lecler un verdadero artista a caballo pero encuentro que la forma de saltar de los caballos es menos práctica, pues sus saltos son dados para evitar el tocar ni aún rozar el obstáculo dándoles, en los saltos de enseñanza, golpes en las cañas con barras de hierro y aún de madera revestida de cuero guarnecido de pinchos a fin de que se remonten extraordinariamente para evitar tocar, punto de mira exclusivo en el Concurso.
Estos franceses…, luego continúa:
He dicho que no hallo práctica esta forma de saltar porque lo que se debe buscar en caballos saltadores utilizables en el sport y en la guerra es que pasen los obstáculos que se hallen sin accidente, con el menor esfuerzo y a la mayor velocidad. Con esta nueva equitación no se consigue tal objetivo ya que no avanzando el caballo en el salto más que lo preciso para salvarlo por alto cayendo al pie mismo, se está expuesto cuando se salta un obstáculo desconocido en su salida, a caer en cualquier zanja o desigualdad del terreno, peligro que se evita con la técnica que empleamos en España que es la de que nuestros caballos salten ganando mas en extensión que en altura, o lo que es lo mismo, que la sagita del salto esté más allá de la vertical del obstáculo.
Es decir, no importan los derribos, lo que cuenta es estar al otro lado. ¡Qué pena! De haber triunfado su teoría otro gallo nos hubiera cantado a algunos. Hay que decir que el autor del artículo ganó 500 pesetas en premios con su caballo “Caracol” en el citado concurso. Una fortuna teniendo en cuenta su teoría y que el premio más dotado era de 750 pesetas.
Lamento la extensión de esta entrada pero la controversia generada en la época se refleja en innumerables artículos más o menos interesantes y entretenidos como aquellos de algunos profesores de equitación, jinetes antiguos que consideraban un tanto “afectada” la postura que adoptaba el jinete en la equitación moderna; como los tiempos cambian pero lo esencial permanece, estoy seguro de que aquellos profesores no dirían al alumno aventajado de la Escuela:
- ¡Caballero! Considero un poco afectada su postura sobre el caballo cuando aborda el obstáculo…
Evitaré, por respeto a los lectores, transcribir la que considero sería a buen seguro la frase correctiva aunque creo que la mayoría sabríais reproducirla. En fin debió ser un proceso de adaptación largo y difícil.
O sea, que amenazo con continuar.

6 comentarios:

Chevi Jr. dijo...

Mi Tcol, el viernes te echamos de menos y brindamos por ti. Me alegro que esté todo ok.

Chevi Sr. dijo...

Puede que ni blanco, ni negro; ni todo, ni nada; ni siempre, ni nunca. Haciendo el curso en la Escuela, por la tarde ya a nuestro aire coincidíamos montando con antiguos y sabios jinetes. Un día sorprendo a nuestro querido, respetado, y admirado Gran Jefe Felipe Villalonga en la fase de vuelo del salto; bien calzado el estribo, hasta el fondo, piernas estiradas hacia delante, tronco muy por detrás de la vertical, y riendas tensas, como continuación del brazo, sin ceder un ápice que comprometiera la seguridad; como el asunto no era, según Caprilli ya instaurado en la Escuela, muy correcto, me miró y me dijo:
"A veces me quedo un poquito durito pa que respete".
Ni siempre, ni nunca...

Gonzalo R-Colubi dijo...

Al comentario de Chevi, dos puntualizaciones
1º: Seguro que era en el rompetibias lo que, dada su dureza, conviene quedarse pelín duro.
2º:Mas que "para que respete" ¿no te diría "para que gespete"?

Chevi Sr. dijo...

Contestando a 2º:
Efectivamente, pero me faltaron guevos.

Anónimo dijo...

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Anónimo dijo...

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