Coged las rosas mientras podáis;
veloz el tiempo vuela.
La misma flor que hoy admiráis,
mañana estará muerta.


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24/5/18

JUNIORS VALENCIANOS DE 1968


















JUNIORS VALENCIANOS DE 1968

Siendo Joven además de montar en los campos de Valencia, donde habitaba el LUSITANÍA Nº8, cuartel de Caballería donde los hombres no duermen ni de noche ni de día....también montaba en la Hípica de Valencia sin ser socio y gracias a la autoridad, gestión y buen hacer, de mi protector ecuestre, el entonces Tcol Pedro Domínguez Manjón, después General.

“¿De qué regimiento eres que te brillan las espuelas?.
Del ocho de Lusitania de los campos de Valencia,
del ocho de Lusitania, cuartel de Caballería,
donde los hombres no duermen
ni de noche ni de día.

Al pasar por la Alameda mi caballo resbaló,
y una morena que había de sentimiento lloró,
de sentimiento lloró al tiempo que me decía,
valen más un par de espuelas que toda la Infantería,
que toda la Artillería, que todos los Ingenieros,
lara, larala, larala, cuartel de Caballería.” 


<Cuento con la comprensión y el buen humor de las Armas hermanas.>

y es en la hípica de Valencia donde conocí a José Miguel Rosillo y a Juan Antonio Dewit, teniendo el honor de haber formado Equipo con ellos para un par de Campeonatos de España de JUNIORS.
Grandes Jinetes, mejores personas.





Kiki de Wit
Huaso montado por Juan Antonio de Wit Guzmán en el Campeonato de España de Saltos 2013



Yo con 15 (1968) años, en Cascais (Portugal), montando a "Espartero" ex "Grande de España"



Y aquí está el equipo.
Mirando la foto y de izda a dcha:

Pedro Beca con Pascal
Isidro Castillejos con Amiralla
Yo con Espartero (el careto)
Carlos González con Felino


Bocao do Inferno
Aquí había un restaurante donde los portugueses nos invitaron a cenar, y allí comí la mejor langosta de mi vida. 



Chevi Sr.

22/5/18

ALGUNOS DE LOS MAS GRANDES




















ALGUNOS DE LOS MÁS
GRANDES JINETES
TODOS LOS QUE ESTÁN SON, PERO LÓGICAMENTE NO ESTÁN TODOS LOS QUE SON.



Adolfo Botín
Maestro de Equitación, Jefe de Jefes e Instructor de los mismos.
Decía mi buen amigo Estrella, oficial Mejicano compañero en el Curso de Equitación.



Paco Goyoaga
En 1953 ganó la medalla de oro en el Campeonato del Mundo de Saltos, en París, montando al caballo "Quórum".
En 1954, en Madrid, fue medalla de bronce, montando a "Baden".
En 1956, en Aquisgrán, fue medalla de plata, montando a "Fahnenkönig".


Familia Goyoaga en acción.


 






Paula Elizalde con su esposo, Paco Goyoaga.








Paco G en ganador.












El adiós a la competición del Primer Campeón del mundo: Paco Goyoaga montando a Aix la Chapelle 1066









General D Pedro Domínguez Manjón, aquí de Capitán, montando a Puñales.
Mi afición, y si algo bueno hago alguna vez a caballo, se la debo a a él.












TCol. Ordovás saltando con Naughty Girl.
.












TCol. Manolo Ordovás campeón Copa del Generalísimo. Madrid 1965 con Naughty Girl.


Cap Queipo de Llano con Infernal ganadores del Gran Premio de Roma 1964.











Cap Queipo de Llano con Eolo IV.














Cap Alfonso Queipo con Infernal.












Cap Alfonso Queipo de Llano con Infernal saltando los cuatro metros de agua en el CHIO de Madrid 1965.







Capitán de Caballería profesor de la Escuela de Equitación Jose Álvarez de las Asturias-Bohorques, Marqués de los Trujillos, bajando las famosas cortaduras de la Zarzuela en 1927.









Profesores y alumnos de la tanda de exterior de la UER bajando la Cortadura “Trujillos” en 1962















 Martinez de Vallejo, Cabanas, Amorós.











Francisco Caldeira con Hering.














Cap E. Martínez de Vallejo con Opium CHIO Aix la Chapelle 1968.

















E. Martinez de Vallejo con Val de Loire B en la Olimpiadas.






















 Derek Ricketts con Hydrophane Coldstream.





















Cte Orbe con Diana Fontainebleau 1965.


















El Col.Argentino Carlos Delia en CHIO Niza con Antojo un Appaloosa de origen mustang indio.




















La monta Italiana que no está de moda pero que tanto me gusta y nunca pude abandonar.










 Álvarez Bohórquez con Pagello





















Veterinario militar, Profesor universitario y Maestro.








El Caballo, nuestro amigo.




La primera medalla de oro española conseguida en los juegos olímpicos de 1928, celebrados en Ámsterdam.

Julio García Fernández, montando a Revistada José Navarro Morenés montando a Zapatazo y José Álvarez de las Asturias-Bohórquez montando a Zalamero.




Chevi Sr.

14/5/18

UN CORAZÓN VALIENTE: TENIENTE ARTURO MUÑOZ CASTELLANOS





















Teniente Arturo Muñoz Castellanos


El plasma sanguíneo había llegado dos días antes al helipuerto de Metkovic, una pequeña localidad costera, justo en la frontera entre Croacia y Bosnia-Herzegovina en la desembocadura del río Neretva, donde éste pierde su color esmeralda dejándose arrastrar sin remedio posible hacia el mar Adriático.

La sangre que hace latir corazones y es la luz y el prodigio del existir llegó desde el aire. No había pocos heridos y agonizantes que, agarrados a esa única esperanza, soñaban con que llegara el plasma sanguíneo y los medicamentos, que tanta falta les hacían a los dos hospitales de una Mostar en guerra, situados uno a cada lado de la línea de confrontación: el hospital bosnio-musulmán y el hospital bosnio-croata; y eso que nadie ignora que la sangre no pide documentación ni papeles para entregar la vida, ni distingue razas ni religiones, ni hace preguntas cuya respuesta sea el odio.


Eso no lo hacía la sangre que llevaba Arturo, ni por dentro en las venas, ni por fuera, en los camiones después de recoger el plasma sanguíneo y los medicamentos en el helipuerto de Metkovic. Ya lo había demostrado cuando, pocos días antes, el día 3 de mayo, tuvo que proteger a refugiados musulmanes en el itinerario Jablanica-Konjic de las Fuerzas bosnio-croatas; y cuando, cuatro días después, el día 7 de mayo le tocó proteger a civiles croatas procedentes del ataque a Rodesine de Fuerzas bosnio-musulmanas. La Legión no distingue, diría Arturo, ni a los pobres, ni a los ricos, ni a los grandes ni a los chicos. Protege a todos. Ésa es la Legión. Y allá estaba con sus Legionarios de la 2ª Sección de la Compañía “Alba”.


El día 10 de mayo de 1993, Arturo recibió la orden de ir a recoger la sangre, su sangre, a Metkovic. La recogieron sin novedad y, por carretera, la llevaron a la Base de Medjugorje, donde les esperaban los contenedores para guardarla. No sabía que el día 11 de mayo, venía marcado en su calendario con la traza que impone el destino a los valientes. Así que se fue a descansar sin saber las heridas, que valen un mundo, que caerían sobre su piel al día siguiente.



Esa noche era calurosa y apetecía pasear para aprovechar el frescor de la caída del sol, entre árboles, por la colina de aquel antiguo Camping que ahora servía de Base a los españoles. Arturo sabía que allí al viento del sur lo llamaban Yugo y al del norte Bora, o algo parecido. Y asoció Yugoslavia al viento del sur, allá donde vivían los eslavos del sur; y el Bora, al viento boreal y frío del norte. Esa noche soplaba viento del sur, el Yugo, y las aguas esmeraldas del río Neretva empezaron a oscurecerse escondiéndose entre sus propias sombras.

Ya sabe que a la ruta del Neretva la llaman “la ruta de la muerte”, porque en Mostar se acaba de abrir un frente en el que las partes se emplean con ferocidad y dureza; mientras miles de civiles no combatientes se encuentran atrapados, prisioneros entre cristales rotos, muros derruidos y un continuo fuego de fusilería y morteros que traen heridas sin forma en los corazones, haciendo preguntas cuya única respuesta es el odio.

Y llega el día 11 de mayo, que el Teniente Arturo Muñoz Castellanos anota con lápiz terrible en su cuaderno: La Sección sale a las 11:35 de la Base de Medjugorje, dirección a Mostar, primero pasará por el hospital bosnio-croata a dejar plasma sanguíneo y medicamentos y luego hará lo mismo con el hospital bosnio-musulmán.

Sabe, porque lo vivió, que el día 9 de mayo la carretera de Dracevo a Jablanica estaba cerrada a la altura de Mostar debido a los violentos combates; es por eso por lo que aquella mañana es agregado con su Unidad a la Compañía “Austria” para intentar abrir de nuevo el itinerario hasta Jablanica. Así que no le va a sorprender cuanto va a encontrarse allí.




El Neretva los conduce entre túneles, curvas sinuosas y un valle impetuoso que sostiene a la carretera, arañada por las explosiones que la desgarran sin convencimiento pero con ira. El no sabrá nunca que “la ruta de la muerte”, después de muchas escoltas, de mucho trabajo interponiéndose entre los contendientes, pronto se llamará “la ruta de la vida” y, más tarde, conforme pasen las aventuras y los días, los bosnios la llamarán “la ruta de los españoles”.

Los vehículos entran en el bulevar y lo cruzan, sabiendo que dentro de Mostar hay poca sangre y mucho fuego; y los Legionarios se dirigen a Mostar y a sus hospitales a dar mucha sangre y a interponerse entre los contendientes para que haya poco fuego.

Entran por el barrio de Donja Mahala, y suben por Gojka Vukovica. El río Neretva, con su eterno color esmeralda, esperaba paciente, como siempre hizo a lo largo de los siglos. El convoy que manda Arturo consigue alcanzar el hospital bosnio-croata y descargar la mitad del plasma sanguíneo y los medicamentos en su primer destino y recoger a un civil herido, todo ello con intensísimo fuego de morteros y fusilería.

El aire se llena de polvo y arena mientras enfocan el camino al hospital bosnio-musulmán para descargar la sangre y los medicamentos que les corresponden, mientras desde posiciones bosnio-croatas del HVO caen, sin número, granadas de mortero, y el aire se llena de metralla.

Mientras descargan el material en el hospital bosnio-musulmán ve a un civil herido, y decide llevárselo. Como con el vehículo no puede acceder debido a las barricadas y la destrucción tiene que hacerlo a pie. Y lo hace. Deja los vehículos a cubierto y se va a por él. El fuego continúa siendo muy intenso. Cuando regresa a los vehículos, una de las muchas granadas de mortero que les cayeron durante el trayecto lo alcanza, dejándolo malherido, con los brazos como dos alas, junto al hospital donde había dejado la sangre que llevaba para dar vida y entregando también la suya y los veintiocho años que tiene. Su mujer, en Ceuta, todavía no sabe que Arturo está herido, y en ese momento mira el anillo que le regaló poco antes de partir a Bosnia. Tardará muchos años en volver a ponérselo.


Los médicos musulmanes son los primeros que lo atienden y ponen todas las ganas en salvar al Casco Azul español que acaba de dejarles sangre y medicamentos suficientes para salvar muchas vidas; además, los médicos de los hospitales en guerra saben que las heridas tampoco entienden de idiomas o religiones, y que la metralla desgarra la carne de la misma manera sin importar otra cosa que no sea la misma carne.

Partió con vida para España y cuando lo llevaron al hospital Gómez Ulla empezó a repartir un corazón, dos pulmones, dos riñones, un hígado, a todo aquel que pudiera hacerle falta. Como era de prever su corazón sigue vivo, y debe de ser fácil distinguirlo a la primera cuando ande por la calle en otro cuerpo, porque debe diferenciarse a la primera cuando alguien lleva dentro un corazón valiente.

Nota: Las fotografías de esta entrada corresponden al carrete que llevaba ese fatal día el Teniente Muñoz Castellanos en su cámara fotográfica y que han sido cedidas por su viuda.




Francisco Javier de la Uz Jiménez